inicio
José Luis Rodríguez García - 14/11/2016

No me negarán ustedes que en relación con los toros escuchamos, leemos o vemos a menudo cosas francamente chocantes; algunas tienen origen en el socorrido debate mediático de "sí a los toros, no a los toros", de antemano sin posibilidad de acuerdo entre quienes con entusiasmo lo abordan.

Atento como estoy a la evolución de los pros y los contras sobre la tauromaquia (en cualquier escenario) me interesé el otro día en leer la esperada sentencia de nuestro Tribunal Constitucional, dada en Madrid, a 20 de Octubre de 2016, por la que declara inconstitucional y nulo el art.1 de la Ley de Cataluña 28/2010 (cuánto tardó en pronunciarse) con la que se quiso dar una "larga cambiada" modificando el art 6 sobre la Ley de protección de los animales. Resolución que, independientemente de su trascendencia en materia competencial, ha disuelto la prohibición acordada por el Parlament como el agua lo hace con un azucarillo.

Desde el enfoque que leo la sentencia podría sostenerse que la eterna discusión crítica sobre la praxis taurina, una vez asumida por el Tribunal Constitucional, perdió virulencia al ser analizada bajo criterios técnicos de vigencia, interpretación normativa, rango, aplicación de la ley, títulos competenciales, etc. quedando definitivamente zanjada y vencida la corriente que se había esgrimido por la vía legífera autonómica para asfixiar a la tauromaquia, siendo ésta, como es, una actividad artística que muchos españoles sentimos genuinamente propia.

En palabras de la sentencia "la tauromaquia tiene una indudable presencia en la realidad social de nuestro país y, atendiendo a su carácter, no parece discutible que el Estado pueda, en primer lugar, constatar la existencia de este fenómeno y, a partir de él, en tanto manifestación cultural presente en la sociedad española hacer posible una intervención estatal (...)".

Somos millares los ciudadanos/as que vamos a las plazas a ver lidiar a los toros. Y son también muchos, aunque menos, los que en las fiestas de pueblos y ciudades, si se tercia, hasta cogen un capote o corren delante de toros y vaquillas (sin contar con los aficionados práctico) y que sigue sucediendo con entusiasmo tras muchos años de "ayuno" de retransmisiones regulares de  corridas por TVE, ante el empacho informativo de fútbol, lo que nos advierte de una dedicación descompensada, si se considera que los toros en España son el segundo espectáculo en número de espectadores.

Para la mayoría de asistentes a los toros éstos son un acontecimiento de vida con posibilidad de muerte, de alegría, de belleza con duende, de valor ritualizado por unos hombres vestidos de luces.

¡Qué profundidad la de los toros! Esta exclamación no se contiene en la sentencia, pero para mí pienso no se fundarían sus atinados razonamiento como lo hacen si no existiera el sustrato taurico vital entrañado en una gran parte de nuestro pueblo. Ni tampoco representaría lo taurino el valor cultural que tiene si no fuera objeto de controversia e incluso de rechazo por un sector de la opinión. De perderse esa constante de lucha sería un empobrecimiento. Nosotros, los taurinos, con Fernando Savater, con  Francisco Wolff, con Ortega y Gasset, con Bergamín, con Fco. Fermín Bohórquez y con tantos otros con buenas razones nos sentimos cómodos apoyando y aplaudiendo la tauromaquia, por no citar a poetas, pintores, escultores…

Lo cierto es que la guerra la encendieron los animalistas, corifeos de políticos buscadores  de caladeros de votos entre nacionalistas y ha terminado al máximo nivel.       

Alguien se ha referido al magma que subyace bajo la Fiesta, caos del que emerge el  héroe, el torero, hombre que templa su miedo y la bravura del toro, imponiendo la vida de aquel sobre la muerte de éste. ¿Mito? ¿Tragedia real? Ya escribí: ¡Qué profundos son los toros!

¿Quién acepta el riesgo de sentir miedo, no poder vencerlo y  vestirse de luces para que todo el mundo lo vea? ¿qué valor tiene este envite?A los Magistrados no se les ha escapado que "las corridas de toros son una actividad con múltiples facetas (...) de su complejo carácter como fenómeno histórico,cultural,social,artístico,económico y empresarial (...)"  Y está muy bien lo que razonan y ponderan los intérpretes de la Constitución porque en ello advertimos saben que nuestra Nación es barroca y tiene duende. ¿Se imaginan una España sin toros? Yo no, por inconstitucional.

 

  Votar:  
Resultado: 5 puntos5 puntos5 puntos5 puntos5 puntos   11 Votos

Próximos eventosmás eventos
Desde Hasta
SPC C2C Soluciones Integrales SPC C2C Soluciones Integrales

Email: redaccion@burladero.tv Tel. Redacción: 911 412 917 ext. 1
Email: administracion@burladero.tv Tel. Administración: 911 412 917 ext.2 Fax: 91 141 21 33
Publicidad: publicidad@burladero.tv


Prohibida la reproducción y utilización, total o parcial, de los contenidos en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización,
incluyendo su mera reproducción y/o puesta a disposición con fines comerciales, directa o indirectamente lucrativos.