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Carlos Bueno - 25/10/2016

La impunidad con la que actúan ciertos políticos es exasperante. Los hay que siempre imponen su criterio sea reglamentario o no. Lo primero que hacen es dictar sus propias doctrinas sin estudiar si se atienen a ley o están fuera de ella, o quizá aún sabiendo que en muchos casos son ilícitas o inconstitucionales. Son profesionales de la provocación, una estrategia que utilizan como fórmula y que les funciona a las mil maravillas seguramente porque nuestro sistema jurídico no marcha como debería y no trata a todos por igual. Y amparados en ese oscurantismo legislativo se atreven a ser auténticos dictadores de sus intereses.

Sin entrar en complicados asuntos de territorio, economía o sanidad, en los que hay montones de ejemplos vergonzosos de tal forma de proceder, el tema taurino acaba de ser nuevamente noticia en esa cuestión. Hace seis años una serie de políticos prohibieron los toros en Cataluña y cercenaron de cuajo los derechos de los ciudadanos. No quiero valorar si aquella decisión fue de carácter animalista o simplemente se tomó por motivos antiespañolistas. Lo que importa es que el decreto iba en contra de las libertades que tanto presumen de defender algunos mandatarios y que, sin lugar a dudas, no se atenía a las estipulaciones de la Constitución.

Me niego a creer que aquellos dictadores no lo supieran. Claro que lo conocían. Pero aún así se atrevieron a violar la Carta Magna conscientes de que quedarían indemnes pasase lo que pasase. Y lo que ha ocurrido es que el Tribunal Constitucional ha ratificado que no tenían razón, que abolir los toros no es competencia suya y, por tanto, se pueden seguir organizando corridas en Cataluña.  

Sin embargo me da a mí que esta resolución no va a ser acatada por los dictadores. Lo hubiera sido si el Constitucional hubiera fallado en su favor. Pero siendo que el veredicto ha sido contrario, el Ejecutivo Catalán va a hacer oídos sordos al dictamen y va seguir en su línea inquisidora, impidiendo la celebración de festejos taurinos a toda costa. Tiempo al tiempo.

De momento el Gobierno de Puigdemont ha afirmado textualmente: "No obedeceremos lo que diga el Tribunal Constitucional sobre los toros", advirtiendo que articulará "todos los mecanismos que haga falta para evitar que vuelvan los festejos taurinos a Cataluña". La Generalitat no está sola en esta estrategia, pues el ayuntamiento de Barcelona, con Ada Colau al frente, ya ha anunciado que estará al lado del Ejecutivo para "hacer imposible el regreso de los toros".

Especialmente preocupante es que, junto a los grupos nacionalistas catalanes, se alíe el mudable Partido Socialista, cuyo diputado Jordi Terrades ya ha declarado que "se tienen que encontrar las fórmulas que impidan la aplicación de la sentencia del Constitucional". ¿Es ese el ejemplo de democracia que nos quieren transmitir nuestros gobernantes? ¿El todo vale? ¿El impongo mi voluntad le pese a quien le pese? A eso también quiero jugar yo. Prueben ustedes a circular a 140 km/h por las carreteras catalanas y a no sufragar la denuncia pertinente. Escúdense en que esa es la velocidad más oportuna, en la seguridad de sus vehículos, en su habilidad. Intenten dejar de pagar la multa. No, no lo hagan porque ustedes no son políticos y se tienen que atener a la ley. Pero ellos no, ellos siempre ganan, incluso cuando el resultado les es negativo, porque no le hacen el mínimo caso y siguen perpetrando ataques contra la Constitución, las leyes y las libertades de las personas.

Puede ser que, en este proceso concreto, gran parte de la culpa la tenga el propio Tribunal Constitucional, que ha tardado ni más ni menos que la friolera barbaridad de seis años en despachar una cuestión con un trasfondo claro y una resolución evidente. También puede ser que haga falta más mano dura, que ante delitos indiscutibles contra la ley nuestro sistema penal debiera actuar con celeridad, rotundidad y ejemplaridad.

No sé quién es el culpable ni tengo la solución, sólo sé que quisiera equivocarme y comprobar que los dictadores se atienen a la legalidad, que el regreso de los toros a Cataluña, además de algo lícito, no es una quimera. 

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