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Carlos Bueno - 08/11/2016

Hace unos días vi a Loles León promocionando un nuevo programa de cocina. La actriz catalana sostenía una langosta viva de considerable tamaño que se agitaba entre sus manos desconocedora de que le esperaba una lenta y tórrida cocción. Como la tele no es mi distracción favorita, la apagué y me dispuse a dar una vuelta por el barrio. Ya en la calle me encontré con una señora, o señorita, que paseaba a su perro en un carro de bebés. Les doy mi palabra de que es verdad. Era un can de mediano tamaño que me miraba atónito a su paso desde dentro del cochecito, y me hizo el efecto de que él estaba más extrañado de la situación que yo.

Seguí mi camino y llegué a las inmediaciones de un pipican justo cuando una niña preguntaba a la dueña de un precioso perrito si el cachorro era chico o chica. "Chico, es chico", le dijo la propietaria. "¿Y tú eres su mamá?", prosiguió cuestionando la pequeña. "Sí, yo soy su mami", le aclaró la señora madre del animalito. No daba crédito a lo que escuchaba, y pensé en aclararle a la chiquilla que aquello no era un chico, sino un macho, y que quien lo llevaba de la correa era su ama, no su madre. A punto estuve de decirle la verdad, pero me contuve, ¿Quién era yo para destrozar la ilusión de una niña que  soñaba con ser de mayor madre de un perrito? A Dios pongo por testigo que esto es tan cierto como lo anterior.

Indignado volví a casa y cometí el error de volver a conectar la televisión con la esperanza de enterarme de las últimas noticias. Y vaya si me enteré. Apenas llevaba un instante en funcionamiento el aparato cuando salió un político declarando que el bienestar animal es un derecho del siglo XXI, en relación a su deseo de abolir la tauromaquia. Esa era su máxima preocupación. No antepuso en su discurso cuestiones tales como la pobreza, el paro, la inmigración, la sanidad o la educación, no.

De inmediato en mi mente apareció la imagen de un perro de sexo chico yendo cómodo en el cochecito de un bebé. Eso es lo que aquel político defiende. Le importa un carajo que el perro o el gato esté castrado y que tenga que mear y cagar dentro del horario que a su mamá o papá le venga bien. No le preocupa que la langosta se hierva viva ni que la ternera que él se come permanezca ocho meses estabulada sin derecho a la libertad del campo. No se pregunta si el jamón proviene de la pata de un cerdo que antes gruñía o se fabrica en una nave industrial. Los toros, eso es lo alarmante. Cuestión de Estado.

Pues bien señor político, vaya firmando los permisos pertinentes para convertir el medio millón de hectáreas de dehesa que hay en España -hoy reservas de flora y fauna de incalculable valor ecológico- en chalets, campos de golf y centros comerciales. Calcule los impuestos que la tauromaquia dejará de aportar a las arcas del erario público y decida qué puestos de trabajo les dará a los casi 300.000 empleados que viven gracias a la tauromaquia y que se quedarán en paro. Y sobre todo coja usted una metralleta y fusile al medio millón de animales bravos que hay en el campo, porque si se prohíbe la tauromaquia se acaba con el toro y con todo lo que genera. Sea valiente, no acabe con los toros de palabra, mátelos de verdad, físicamente.

¿De verdad le importan los animales? Y una mierda. A usted sólo le preocupa usted mismo e imponer sus ideas. Ni siquiera se ha interesado en conocer la verdad. Se queda en la superficialidad de los tópicos ignorantes y malintencionados. No quiere saber de datos económicos, ni de ausencia de subvenciones, ni de aportación medioambiental, ni de sentimientos personales. No le desvela lo más mínimo el bienestar animal, y mucho menos el respeto a las libertades del resto de ciudadanos que no opinan como usted.

Quienes pretenden convertirse en dictadores de sus intereses me parecen unos miserables, y la próxima vez que me encuentre con una chiquilla a la que desorientan haciéndole creer que de mayor puede ser la mami de un perrito de sexo chico, le cuento la verdad, a ver si así consigo evitar que se incremente el número de miserables de este mundo.

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