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"La corrida es un acto público solemne. Ceremonia de sacrificio celebrada con pompa y protocolo. Su razón de ser, los espectadores y telespectadores (ahora). Se oficia por ellos y para ellos. Para su emoción, conmoción y devoción. No diversión"
Jorge A. Díaz Reyes - 17/04/2018

La corrida es un acto público solemne. Ceremonia de sacrificio celebrada con pompa y protocolo. Su razón de ser, los espectadores y telespectadores (ahora). Se oficia por ellos y para ellos. Para su emoción, conmoción y devoción. No diversión.

Es perverso divertirse con la muerte. Lo dicen hasta los carnívoros antitaurinos. Pero eso es asunto de cada conciencia. Cada quien sabe lo que le divierte. Al final, pesa más el impacto causado en el conjunto, que las particularidades y desviaciones individuales.

Siempre me han resultado tan apasionantes como la propia corrida, los relatos, incluso muy antiguos, las reacciones, opiniones, valoraciones que provoca y como se difunden. Antes del periodismo, el juicio colectivo se decantaba lento, sobre los testimonios de testigos presenciales, en la tertulia, la discusión, el voz a voz. Así nacían prestigios, desprestigios y mitos. Ahora la expansión es inmediata, vívida, masiva. Todos estamos ahí, todos vemos, oímos, opinamos y juzgamos en tiempo real.

Buena, regular, mala. Pero, aficionados o no, siempre desde nuestros condicionamientos, intereses e influencias. Desde cómo entendemos la corrida. No igual todos. Para unos rito, para otros, espectáculo-negocio, y como tal parte de la industria del entretenimiento. La más rentable del mundo. Que no es poca cosa. La humanidad invierte hoy más en ella que en cualquier otra.

Las utilidades anuales del cine, televisión, música, deporte, drogas recreativas, prostitución, alcohol, apuestas, casinos, parques, turismo, lujo..., sumadas, (dejan atrás las de sectores "Top ranking" mundial como banca, petróleo, armas, farmacia.

Esta mentalidad lúdico-utilitaria explica la moderna regla de medir la corrida. Mala, si aburrida. Buena, si divertida. Como la discoteca, la montaña rusa o el circo. Pero la corrida no es entretención, es catarsis (griego antiguo), purificación. Tan real y seria, como la vida misma. Trágica y alegre, dura y conmovedora, imprevisible y mortal.

Tomarla por farándula, por toro, torero y toreo comparsas del show bussines, la invalida moralmente llenando de argumentos a sus enemigos.

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