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"Me sorprendió muy tristemente tu muerte. Torero de mi juventud, de mis recuerdos, de mi admiración indeclinable"
Jorge A. Díaz Reyes - 26/08/2017

Me sorprendió muy tristemente tu muerte. Torero de mi juventud, de mis recuerdos, de mi admiración indeclinable. Tus imágenes han estado rondando en mi memoria ligadas a conceptos como autenticidad, valentía, dignidad, verdad, tenacidad, modestia, hombría.

Pequeño pero sólido. Cortés pero firme. Discreto pero arrojado. Capaz de no alzar la voz y de jugarte la vida, como el héroe borgiano.  Guardo grabado en mi memoria, ese cuatro de enero, de 1978 en que te llevaste cuatro orejas. Clavado en los medios de Cañaveralejo, sudoroso. Con las huellas de la batalla. Salpicado, la corbata torcida, el cuello desajustado, el chaleco descompuesto, la melena revuelta. Metido en la cuna del enorme saltillo de Santacilia. Largamente inmóvil, muleta tras el cuerpo y frente alta, que no sobrepasaba la testuz. Sin un gesto. Con tu mirada hundida, puesta en los tendidos de arriba que hasta ese momento no te habían aplaudido. Sin altanería. Sin desafío. Más bien con resignación. Con abandono mártir. Como un manifiesto mudo de --mi convicción es mayor que mi miedo. Como un monumento.

¡Ay Dámaso! En trances duros, la muerte de mi padre, por ejemplo, que te admiraba tanto, esa visión me ha reconfortado y llamado al aguante. La última vez que te vi estabas no muy lejos, a mi derecha en uno de los palcos de grada en Las Ventas, entre Ruiz Miguel y El Capea. Cuanta historia. Como tres aficionados rasos. Te veías contento en tu retiro, algo envejecido, pero bien, y me alegró mucho. Nunca pensé que murieras después de haber sobrevivido a tantos toros.

Acá en Cali dejas rastro. Estaba en la plaza el día que debutaste. Siempre voy. Tan distinto, en tiempos de toreros guapos, Palomo, Teruel, Paquirri… Lo tuyo era interior. La estética de lo tremendo. Toreaste un encierro de Fuentelapeña, Con Joselilo y Camino, triunfaste cortando tres orejas. Era 29 de diciembre 1970. Volviste a nueve ferias, 21 corridas, 28 orejas, indultaste dos toros y ganaste trofeo como triunfador dos veces. En las del 78-79 y 86-87. Te lo mereciste. No hubo componendas entonces. El 2 de enero de 1988 te despediste a hombros por la Puerta Señor de los Cristales para no regresar más.

¡Ah! También me acuerdo mucho de una noche después de corrida en Manizales. Por la avenida Santander. Ibas entre el gentío con el brazo sobre los hombros de tu esposa. Otra pareja joven, paseando, sonriendo, común y corriente. Una más. Mira le dije a la mía –Ahí va Dámaso --y me quedé pensando en que por la tarde habías apostado la vida. La misma honrosa vida que ahora terminaste.

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