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Jorge Arturo Díaz Reyes - 06/10/2015

Los médicos llamamos así, aquellos organismos que viven a costa de otro y lo atacan malignamente apenas este da oportunidad bajando sus defensas. Cualquier parecido con personas de la vida real no es pura coincidencia.

Los virus, bacterias, amebas, gusanos, insectos… heredaron ese nombre de los humanos y no al revés. En la vieja democracia griega el “Parásito” era un alto funcionario elegido entre los más notorios ciudadanos para administrar el trigo, el pan, los alimentos públicos que se almacenaban en el “Parasilón”. Cargo muy honroso y apetecido por cierto.

La experiencia histórica, la memoria colectiva y la sabiduría popular, seguramente fatigadas de preguntarse ¿Quién mantenía esos políticos? ¿Qué producían? ¿Por qué cada vez más gordos y los contribuyentes más flacos? Acabaron dando a tal dignidad el indigno significado que hoy tiene y que la medicina por adecuado apropió; chupón, vividor, gorrón, aprovechado, abusador... La costumbre hace ley.

Por supuesto, en ambas versiones, humana y patógena, cuando al parasitismo se agrega el oportunismo, la vileza y el daño aumentan, pudiendo llegar a ser mortales. Alimentar al enemigo agazapado dentro no es buena cosa para la salud pública ni personal, y darle ventajas, ponérsela fácil, menos.

Estas analogías médico-políticas, pueden extenderse a desmanes en muy diferentes actividades. Por ejemplo, como aficionados, cuando preguntamos quién está matando la fiesta, el rito cultural que directa e indirectamente más tributa. Quién, la envenena en Cataluña, Baleares, Quito, Madrid, Bogotá, saltan las imágenes de funcionarios elegidos como en la antigua Grecia para administrar el “parasilón” público; presidentes, alcaldes, congresistas, concejales y aspirantes a ello.

Vemos políticos, separatistas catalanes vapuleándola para sus fines como señuelo de odio apátrida. Miembros del ayuntamiento madrileño, que haciendo populismo seudo-izquierdista se asocian para quitarle sustento. Candidatos a la alcaldía bogotana quienes pillando la oportunidad de beneficiarse electoreramente levantan de pronto la bandera del antitaurinismo que nunca enarbolaron cuando iban gratis a las corridas, y así…

En cualquier circunstancia. No necesariamente hay que ser médico ni hacer exámenes coprológicos, para diagnosticar ataques de parásitos oportunistas.

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