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Jorge Arturo Díaz Reyes - 03/02/2015

“Un día de cólera” es otra versión de la desigual batalla librada el 2 de mayo de 1808 en las calles de Madrid.

Libro que arroja sus lectores en medio de los combates, el fragor, el olor, el color, el dolor, el horror, la cobardía, el valor, la vileza, la ferocidad, la razón y la sinrazón de la guerra. Sin excusa ni consideración. Sin moralismo ni partido. Sin metáfora ni adjetivo.

No es novela, no es ficción, ha insistido el autor. La narración, construida mediante investigación histórica y consulta de documentación "ingente", relaciona con rigor notarial sitios, nombres, horas, circunstancias, preguntando y contestando en sus 400 páginas el por qué.

El por qué mujeres, hombres, niños, ancianos, desorganizada y espontáneamente, atacaron a pecho descubierto, con desventaja enorme, al ejército invasor e invicto de Napoleón; al mejor del mundo, mientras el propio, acuartelado, toleraba la hecatombe.

En la página 114, angustiada, Josefa Bayeu, esposa del pintor Goya, riñe al joven aprendiz León Ortega por querer lanzarse a la refriega, y le suplica.

--Tienes Madre, León.
–Y vergüenza torera, doña Josefa –contesta él saliendo navaja en mano a desjarretar caballería mameluca en la Puerta del Sol (155).

Esa misma respuesta, trasciende al grito común: ¡Viva España Viva el Rey! y salta una y otra vez de las acciónes, los diálogos y las descripciones. No recuerdo que Galdós u otros la hubiesen mencionado antes.

Cronista de guerra, escritor copioso, algo hemingweyano, Arturo Pérez Reverte la reitera, recién impresa su obra, (diario El País de Madrid, el 1o de diciembre de 2007): "Primero es cólera pura; luego, cuando las cosas comienzan a ir mal, siguen peleando por vergüenza, vergüenza torera..."

Ni él ni sus personajes hallaron en el idioma una mejor expresión para nombrar aquello que convirtió el arrebató colectivo en hazaña.

Pero no es la única referencia taurina... Un comandante quiere "tomar el toro por los cuernos" y ordena la carga. Tomás Guervo herido “parece caballo de picador después que lo empitona el toro” (201). Ramona García, junto al cañón, fanfarronea pidiendo plumeros de gabachos (franceses) para hacerse un abanico e “ir el domingo a los toros” (244).

Pascual Iglesias se derrumba “como... un jarameño apuntillado” (263). Eusebio Alonso agonizando por un bayonetazo en la ingle dice: “Ésta es la del torero… La femoral… acuda usted mejor a quien pueda tener remedio...”
(344).

Y "El banderillero Gabriel López", prisionero, a punto de ser fusilado en Príncipe Pío (cuadro de Goya), hace un último desplante "¿Tus oficiales? Esos, bien calientitos en sus cuarteles esperando que escampe" (375).

Sí, "vergüenza torera" no es la única invocación al toreo en esa epopeya, pero es la crucial. Explica todo. El honor.

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