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José María Vivas - 05/01/2015

Comenzó el nuevo año y parece mentira que ciertas noticias todavía tengan cabida en el mundo actual, en donde presumimos de evolución y de modernidad. No había terminado el primer día del nuevo año, cuando las noticias que llegaban desde México y más concretamente desde la población de Durango nos hablaban del grave percance que había sufrido el picador Héctor Cobo. Hasta ahí y lamentando la gravedad del percance del varilarguero todo podía resultar normal, pero lo realmente increíble, lamentable e impropio en los tiempos que corren es todo lo que aconteció en el interior de la enfermería del propio coso Duranguense, detalles de los que tuvimos constancia horas después del percance.

Allí entro un torero herido de gravedad y se encontró con un equipo médico que no tenía ni capacidad ni conocimientos suficientes para atender un percance taurino, cuando “curiosamente” lo que allí se celebraba y lo que tenían que cubrir era un festejo taurino. No soy yo el que debe buscar responsables de actos como el que sucedió en Durango, pero seguramente los haya y deberían dar la cara, pero estoy convencido de que no ocurrirá ni allí ni en otros muchos sitios donde las condiciones no son las normales y lógicas para jugarse la vida sólo delante del toro y no en las enfermerías. Pero sí considero que en ésta ocasión tenemos dos consecuencias que deben de ser estudiadas o al menos reseñadas. Por delante vaya la más importante sin ningún lugar a dudas que fue la que salvó la vida del picador Héctor Cobo, que fue el VALOR demostrado por el matador de toros Antonio García “El Chihuahua” atendiendo y poniendo cordura, temple y sapiencia en una enfermería que carecía precisamente de todos esos valores y que con su intervención al amigo y compañero le salvó la vida. Por desgracia “El Chihuahua” contaba con la experiencia personal de los muchos percances que ha tenido en su carrera profesional y al menos eso fue lo que sirvió para que el percance de Durango de Héctor Cobo quedara en un gran susto y en un toque de atención de lo que no debe ocurrir en los tiempos que corren.

Pero si de valor hablamos en la reacción de Antonio García, también debemos hablar de VALORES que deben tener los toreros, porque el dinero, las ganaderías, los compañeros de terna, los vetos a otros toreros, el sumar fechas y miles de cosas más, deberían de quedar en segundo plano si cuando un torero se viste de luces no hay un mínimo de garantías de que si allí ocurre algo grave, al menos que haya unas condiciones mínimas para que no termine en tragedia y es que por desgracia lo de Durango no ha sido un caso aislado, ya que recordamos también hace pocos días como Torres Jerez sufrió la incompetencia de ese tipo de enfermerías, cuando con una herida grave le dijeron que esperara que tenían que ir a comprar material médico (concretamente anestesia), porque en ese momento no había en la enfermería y todo esto hablando de dos percances recientes, pero en la mente de todos hay más percances y de toreros importantes en donde los casos de negligencia y falta de profesionalidad han podido terminar en desgracia.

Porque en la vida o al menos eso le intento inculcar a mis hijas el VALOR es un don maravilloso y actos como el de Antonio García “El Chihuahua” son dignos de elogio y de recompensa, pero los VALORES son muy importantes y se tienen o no se tienen y dentro de esos valores al menos para mí, la prioridad por la vida y la salud es uno de los más importantes, por encima de dineros, ganaderías, vetos y resto de menudencias secundarias que deben ir por detrás de una vida. Feliz 2015 para todos.

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