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Manuel Viera - 04/03/2016

Me quedé inmóvil, pegado a los cristales de la ventana, observando como fuera las ramas de los árboles se movían inquietas en esta fría mañana de Cuaresma. Te habías ido. O te has escondido, quizá, para seguir escribiendo historias fantásticas de Fe que den contenido a tus sabrosos libros. O porque estabas deseando dar rienda suelta a tu mente, al vagabundeo de tus ideas, lejos de aquí, para después plasmarlas en asuntos que siempre necesitan del alivio, porque seguías creyendo en la posibilidad de que tus lectores se entregasen, sin remisión, a lo que cuentas. Crónicas de toros, vivas y exigentes, escritas con honestidad y la naturalidad de tu palabra, no exenta de crítica.

Ahora, que disfrutabas como un niño con el éxito teatral de tu exitosa obra "El hombre que esculpió a Dios" que gozabas de ese mundo familiar y efectivo tan propicio para la defensa serena, pero cerrada, de la hermosura de la vida, con tu moral ciudadana conectada al catolicismo con el que deslindaba, con sutileza en las palabras, lo que está bien de lo que está mal, te olvidas de vivir y te vas de la forma que Lemus define en sus versos: "Te fuiste amigo. / ¡Te llevaste tantos sueños…! // Y no te dejaron tiempo / para decirnos adiós // ¡Tanta prisa tuvo el cielo! //".

Tuviste prisa por dejarnos cuando a tus cincuenta y pocos años andabas ejerciendo pleno servicio a los demás. Con tu buen talante, tu sonrisa, tu espíritu cívico, tu profunda Fe y tu extensa formación cristiana, seguías haciéndonos la vida fácil cada mañana con tus personalísimos twitter  Pero será ahora, ocupado ya el lugar de privilegio que te corresponde en el escritorio del cielo, cuando escribirás tus mejores libros,  bordarás tus mejores crónicas taurinas alabando el toreo de tus amigos y viejos maestros, Pepe Luis y Manolo, que ahí arriba harán sólo para ti las faenas que te dieron vida. Y desde ese otro palco en las alturas, sin apreturas y sin agobios, podrás rezarle cara a cara a tu Cristo de la Salud de la cofradía de San Bernardo para después iniciar estación de penitencia por las inmensas calles de la gloria. Los que, por ahora, aquí nos quedamos, seguiremos uniendo letras y juntando palabras con la intención de que estas consigan argumentos tan sólidos y convincentes como los tuyos. Adiós, Fernando. Adiós amigo. Te echaremos mucho de menos.

 

Im memoriam. En la  muerte del periodista y escritor sevillano Fernando Carrasco

 

 

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