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Manuel Viera - 15/04/2016

Manuel Escribano y "Cobradiezmos", el cuarto toro de Victorino Martín, indultado a petición del público, quedan indisolublemente asociados en el recuerdo al haber logrado enloquecer de gozo a una plaza, no sólo por las sorprendentes embestidas del cárdeno y el buen toreo del sevillano, sino también por la bravura encastada de uno y la sapiencia del otro para potenciar tan extraordinaria excelencia. Todo un lujo para disfrutar. Un auténtico regalo para la vista y los sentidos que sumió a los tendidos en un universo de emociones tan fascinante como único.

Sucedió en la Maestranza el pasado miércoles, veinticuatro horas después de una debacle ganadera. De ahí, quizás, el despertar emocional de una gente que no dudó en solicitar el perdón para un toro bravo.  Manuel y  el "victorino" se encontraron para seguir haciendo juntos historia viva del toreo.

Y así, ante la bravura deseada y soñada, Escribano manifestó su tauromaquia con un toreo de mano baja, lento y ligado que en algunos momentos alcanzó categoría suprema. Sea como fuere, esta forma de mandar en la excepcional embestida del toro, cuyos pitones araban el albero, mientras el hocico lo acariciaba, hizo extasiar de gozo hasta los espíritus menos sensibles. Enloqueció la Maestranza y se sensibilizó Sevilla con un toro, muy bravo en las telas, aunque con la menudencia  de escarbar, antes de ir presto, largo y con fijeza al caballo.

Escribano hizo el toreo a derecha e izquierda de forma  sentida y apasionada antes las incansables acometidas de "Cobradiezmos". El indulto estaba en sus manos desde el instante que prolongó su obra tras el revolotear de los primeros pañuelos en los tendidos, y él, decidido a conseguirlo, mostró su mejor tauromaquia con la misma "bravura" con la que el toro de Victorino Martín mostró la suya. Una colección de hondos naturales epilogaron la obra, y la plaza en pie  pidió larga vida para el toro que, cien veces más le hubiese citado, cien veces más hubiese acudido en busca de la tela con brava nobleza y extraordinaria fijeza.

El indulto de "Cobradiezmos", el bravísimo toro de Victorino Martín, fue el momento cumbre de la tarde. Justo o no, lo sucedido en Sevilla ha sido la simple demostración de que la Fiesta, pese a prohibiciones y ataques, sigue estando más viva que nunca. Con sólo el talento de un torero y la simple demostración de la bravura, el toreo ha vuelto a ser grande para así seguir siendo eterno.

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