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"Aquella tarde de junio de 2014, en la Maestranza de Sevilla, me ilusionó su tauromaquia. Su toreo, con interesantes utreros del Conde de la Maza, reveló unas maneras de hacer con las que invitó a soñar"
Manuel Viera - 07/02/2018

Aquella tarde de junio de 2014, en la Maestranza de Sevilla, me ilusionó su tauromaquia. Su toreo, con interesantes utreros del Conde de la Maza, reveló unas maneras de hacer con las que invitó a soñar. A imaginar el inmediato y prometedor futuro. Valor y temple en sus naturales formas. Personalidad definida para dar sorprendente solución a una lidia convincente y emotiva. Ya, entonces, su quietud y aguante le pudo costar un serio disgusto al quitar, con el capote plegado por la espalda, a un  “tren” a toda velocidad que se lo llevó por delante. Pero he aquí que, dolorido y enrabietado, volvió de inmediato a repetir su particular y ajustado lance provocando el clamor en la gente. La verónica fue absoluto compás. Y los muletazos zurdos de notable calidad expresiva y ajustados de forma natural. Todo diferente a lo habitual.     

Sin embargo, lo mejor no fue el sabroso toreo de izquierda, sino la forma  de hacerlo y decirlo. La manera de entenderlo con indiscutible autenticidad. Verdad en un concepto que, poco a poco, con las dificultades propias del que empieza, se iba afianzando con los primeros triunfos tras la alternativa de lujo en su Huelva natal. Y ahí estaba cuando el fantasma que acecha los recovecos del toreo, alterando los deseos, le apareció el pasado 27 de agosto para recordarle que el placer en el ruedo no es más que un juego, a vida o muerte, que se silencia y se deja a un lado demasiadas veces.

En Toro, en el ruedo de la plaza de la localidad zamorana, se retuvo la tarde y la gente entristeció porque un torero se asomó al abismo de la cogida esquivando la tragedia en enloquecida huida. Cinco meses van de de miedos y esperanzas. Cinco meses de sufrimiento tras la gravedad de la lesión cervical. Cinco meses de calvario, de complejas intervenciones de urgencia, de interminable y absoluto reposo y dolorosa recuperación.    

Nunca como hoy estoy más cerca de este torero referencial del valor, el coraje y la ambición. Si, a veces, el sueño de la razón produce monstruos, que no producirá la pesadilla de la paraplejia. Está claro, David de Miranda, que tu purismo no es baladí, sino fundamentado en la valentía y el talento. Esta jugada del destino te impidió continuar tu ilusionante temporada, pero seguirás tocando tierra en los ruedos de nuevas plazas y, sobre todo, muy pronto, por Colombinas, en tu ruedo onubense de La Merced. De verdad.  

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