inicio
Manuel Viera - 28/12/2016

Carcajeábamos ante intranscendentes comentarios de unos y otros, amigos y colegas de la radio y prensa taurina, tras la obligada cena a modo de celebración. Oscurecía la noche. La niebla caía como plomo cuando enfilaba la calle camino de casa. Y veo entre algún que otro mendigo a una mujer, joven y  bien vestida, cuyos ojos le brillaban parpadeantes en la negrura urbana de la avenida. El frío le congelaba la cara y le afilaba la nariz. Sus finas manos buscaban entre la removida carga de un enorme contenedor situado junto a la gran superficie comercial. No sé que se llevó. Echó algo en una bolsa y la dejé de ver mientras caminaba con altivez y elegancia lejos de allí, quizá, para patearse sin descanso no sólo uno sino los contenedores de media ciudad.

La dignidad de aquella mujer lucía extraña con la miseria. Con el infortunio y la mala suerte de un presente tantas veces ninguneado. Ella es la derrotada de un  liberalismo inculcado tras el macabro juego de palabras salvadoras durante la larga tempestad de la ignorancia. No acierto acortar la distancia que separa su vida del ficticio discurso que tanto escuchó. Ni encuentro quien le ofrezca soluciones. Quien le saque del apuro. Quien le invente otro mundo que le permita ver con una pizca de optimismo la realidad que está viviendo. Quien ponga fin a la desesperación que habita en su vida. Y aprieto los dientes mientras un escalofrío de inquietud atraviesa mi cuerpo.

Porque no hay nada más triste, en el falso progresismo, que el ilógico modernismo donde surgen las contradicciones con políticos de nuevo cuño que hasta se atreven a definir la tauromaquia como "obstáculo para el desarrollo de la sociedad". Que la meten en el mismo saco del machismo, y otras lacras propias de la condición humana, en brillante juego demagógico con eminente voluntad de aniquilar. Pues empiecen por eliminar el sufrimiento humano. Principien por ahí. Erradiquen la miseria. La de ella, y la de esos otros buscadores de alimentos caducados llegados en cayucos, tan inmigrantes como sus Majestades de Oriente, de los cuales uno es "moro" y otro es "negro", y no traen más papeles que las cartas que le escriben los chiquillos. Por los menos, que su inmenso cargamento de ilusión se lo dejen a estos que sueñan con que algún día su triste existencia pueda cambiar. Sería el mejor regalo de Reyes. 

  Votar:  
Resultado: 4,8 puntos4,8 puntos4,8 puntos4,8 puntos4,8 puntos   18 Votos

Próximos eventosmás eventos
Desde Hasta
© Gestor de contenidos Gestor de contenidos HagaClic

Email: redaccion@burladero.tv Tel. Redacción: 911 412 917 ext. 1
Email: administracion@burladero.tv Tel. Administración: 911 412 917 ext.2 Fax: 91 141 21 33
Publicidad: publicidad@burladero.tv


Prohibida la reproducción y utilización, total o parcial, de los contenidos en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización,
incluyendo su mera reproducción y/o puesta a disposición con fines comerciales, directa o indirectamente lucrativos.