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Manuel Viera - 29/03/2017

Fue un tío serio en esto o, lo que es igual, dijo el toreo con sabiduría y verdad. Lo que hacía respiraba frescura, temple, naturalidad y convicción, sustancias con las que alimentó su concepto. No abría la boca para que sólo fuesen sus manos las que explicaran, las que expresaran, las que citaran y se fuesen cada vez más lejos, con pasmosa lentitud, hasta rozar los espacios infinitos. Torero de toreros. Cada muletazo, decía, es un triunfo. Cada remate un aviso de que algo extraordinario va a suceder. Que fue uno de los grandes en el ruedo ya se sabía. Pero también fue maestro en eso de comunicar el toreo, su toreo, a los que se acercaron a él. Lo hizo como nadie.

Su desbordante capacidad para mostrar cómo realizarlo despertaba un creciente interés en sus toreros. Les impregnaba de una excelente técnica y le contagiaba su vitalidad en la calidad de cada trazo. Estaba obsesionado por la pureza. Odiaba la pedantería. Le escuché manifestar que el toreo no es sólo una mera  labor estética, sino la virtud de un concepto capaz de crear un arte muy personal e inmediatamente emocional. El torero importa por lo que dice y, sobre todo, cómo lo dice.

Optimista, luchador por las causas perdidas, atisbó el milagro con el que, con el agua a la altura del cuello, chapoteaba para salir de olvido. Y, aunque consciente de la dura realidad, encontró la salida del complejo laberinto y pudo contemplar como su postergado torero, en la señalada tarde de un Corpus sevillano en la Maestranza, hacía una magistral travesura: torear y triunfar. Algo utópico en este agrio mundo de mezquinos intereses que sigue imponiendo caprichosamente el sistema.

 Sin decaer un ápice su ánimo siguió con su apuesta encaminada a la búsqueda de algo que premiara el triunfo. Triste historia, tan real como la vida misma, porque la situación de injusticia intolerable le hizo desistir de su empeño. Su independencia fue absorbida por el absoluto dominio de los cicateros intereses impuestos caprichosamente.

El pasado domingo, en su pueblo de Gines, todo el toreo sevillano le dijo adiós. Se fue Manolo Cortés. Un gran hombre. Un Torero con mayúscula. Un sabio del toreo. Descanse en paz.        

 

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