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Manuel Viera - 19/07/2017

Están injustamente tratados. Son los menos alabados. Y a pesar de ser unos grandes talentos nunca reciben la aureola de “creadores de las grandes ideas”. Porque las tienen. Y muy buenas. Personajes llamados a ser autoridad. A mandar, a decidir, a manipular. Cada uno de estos eruditos políticos tiene su genealógica complacencia. Al fin y al cabo “dan fe” de su poderío jugando con la buena voluntad de la gente. Lo hacen tras rocambolescas decisiones. Con esas ideas de naturaleza insólita con las que demuestran con soberana gracia su asombrosa inteligencia.

Los hay abiertos. Tan abiertos de mente que son capaces de conseguir la genialidad con hechos que adquieren la más destacada de las trascendencias. Importancia ridícula que procede de la intromisión de lo inexplicable. De lo absurdo. De lo que no acaba de comprenderse. Y es que la parodia está servida con este nuevo invento, tan sorprendente como disparatado, del Ayuntamiento de la localidad mallorquina de Inca que, como gran novedad, celebrará durante sus fiestas patronales un encierro en el que serán sustituidos los animales bravos por toros hinchables. Habrá chupinazo, e incluso se colocarán vallas a lo largo de todo el recorrido para que los participantes, vestidos de blanco y con pañuelo rojo, puedan zafarse de las “peligrosas” embestidas. Así lo ha decidido aquel equipo de gobierno formado por representantes del PSOE, MÉS, Independientes y PI.     

¿Y qué puede uno decir ante semejante idiotez?  Pues que esta necedad acabará convirtiéndose en “leitmotiv” de la verdadera realidad. Que decisiones tan inadmisibles sean consideradas, ampliamente justificadas, apoyadas y sostenidas por la fidelidad de cuatro escrupulosos animalistas antitaurinos. Que todo un municipio, de arraigado acervo taurino, se quede de brazos cruzados. Que tan lamentable banalidad de ideas y acciones anden derribando las paredes del toreo. Que se adentren en las tradiciones convirtiéndolas en pantomimas que se asoman al más espantoso de los ridículos. Penoso hecho, más que preocupante, que se acepta sin mínima resistencia. Historia inverosímil de cómo convertir un toro en plástico. Mientras, esperemos gozosos la variedad de este mundo nuevo. Y ver adónde han de ir a parar.  

 

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