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Manuel Viera - 10/05/2017

La Maestranza, deseada pista de despegue para toreros olvidados, catapultó a las alturas a quien en el ruedo demostró con desbordante verdad las mayores emociones en la tarde de miuras. El toro temido y, a la vez, deseado para quien buscó salir de ostracismo más absoluto. El toro serio, zancudo y largo que humilló y acometió a la tela con la bravura de la casta.

Y así, después de preciositas verónicas y revelador galleo, el toreo se tiñó de verdad con un propósito de calidad que trascendió con inmediatez a los tendidos. Esperanzador prólogo de una lidia sin atisbo de violencia para continuar, después, con el natural rico en expresividad, hondo, despacioso, bello, hilvanado con elegancia, trazado con fina sensibilidad, rematado con rotundo obligado de pecho y con el apunte de una bella trinchera en torero adorno. Y el resultado convenció. Porque fue realmente emotivo y conseguido en el seno de su más íntima inspiración.

 El natural devorado por los ojos escrutadores de toda una plaza que estalló en clamor. Solvente versión de un toreo dicho sin prisas, muy reposado, para hacer realidad  todo lo que se le supone a quien lo supo contar. Pero una estocada, apreciablemente desprendida fue la causa esgrimida por el palco presidencial para no conceder el segundo apéndice que el conclave pidió con el blanco pañuelo y el grito de la impotencia. Y que le hubiese abierto una Puerta del Príncipe, quizá discutida para unos, inmerecida para otros, y justa  para quienes  pensaron que, con menor mérito, en procesión, algunos la traspasaron.

Porque antes, Pepe Moral, había logrado torear con la sapiencia de su buen hacer la complicada  embestida de su primer toro. Fue haciéndose a la acometida hasta lograr el deseado ambiente emocional. Arriesgó en una lidia de valor y actitud hasta conseguir, en emotivo epílogo, un toreo de mano baja, firmemente contenido, mandando con excelente pulso diestro el viaje del trazo hasta lo imposible. Y vislumbró el hondo natural y la trinchera en un golpe de gracia antes de la estocada que le aseguró la oreja.

El torero sevillano arriesgó su presente para asegurar el futuro. Y con sólo dos despojos logró mayor eco que, quizá, con una “puertapríncipe” posiblemente devaluada. No obstante, la falta de criterio entre los presidentes de la plaza sevillana está provocando altas cotas de confusión, sobre todo, cuando atienden con diferente juicio las subjetivas valoraciones de un público apasionado y sin exigencias.       

 

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