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Manuel Viera - 24/02/2016

Entre las conclusiones del V Congreso de presidentes de plazas de toros, celebrado en Sevilla hace unos meses, destacó el ambicioso plan de formación para los que han de ocupar el cargo con el objetivo de que las diferentes administraciones lo acojan como requisito para la selección de futuros nombramientos. Presidentes justos capaces de decidir con coherencia. Porque, a veces, el balcón presidencial de las plazas de toros se convierte en el centro virtual sobre el que gravitan todos los sabares y, como no, todos los poderes.

Desde arriba se señalan caminos, se interpretan actuaciones y se interviene, de modo sabio y enérgico, aventurando el inmediato futuro de quien se juega abajo el ser o no ser. Y en consecuencia, lo que desde allí se decide pone espanto en el ánimo del torero en cuestión, que sabe se encuentra con la subjetiva decisión de quien puede ponerlo rico o seguir invitándole a jugársela por amor al toro y al peligro.

Este panorama se repite, en no pocas ocasiones, cada ciclo de toros en plazas de primera y en ferias decisivas para muchos de los que en ellas se anuncian. Y estas actitudes de quienes presiden las corridas de toros dejan perplejo al que pretende conseguir su lugar en el toreo a base de arte, inmenso esfuerzo y valor desmedido, con lo que quiere dar cuenta de lo que es y lo que quiere ser.

Sucedió la anterior temporada en importantes cosos de España. En el de Vistalegre en Bilbao, el famoso Matías mostró su "saber" y poder desestimando mayorías, cuasi absolutas, dejando sin Puerta Grande a El Juli tras histórica faena, sin que su actitud tuviese influencia  en el futuro del torero. Sin embargo, otros se mostraron también en contra del conclave para negar lo obvio al gran Rafaelillo, invitándole, quizá, seguir por el mismo camino sinuoso, impreciso y completo de obstáculos.  

¿Qué pasa? Se pregunta muchas veces el que desde abajo mira impotente al que sentado arriba no entiende lo que un torero ha dicho delante de un toro, convirtiendo en caótica decisión el sentido del discurso dado en el ruedo. Pues que el toreo, el valor y la gesta han sido diseminados. Y que en el fondo, el ruedo de la plaza es un complejo sitio donde todo, hasta el propio toreo, se vuelve incierto.    

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