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Manuel Viera - 05/07/2017

Hay una enorme ambivalencia en la organización de las ferias derivada de una crisis que aún asola sin remisión al toreo. Los recortes han llegado también a provincias. Unos ciclos que, en las últimas temporadas, han hecho agua por todas partes. Ahora se programan menor número de festejos y se aumenta la calidad de los mismos. Es decir, sólo están acartelados los que siguen encaramados arriba, en los primeros puestos de ese “ranking” de toreros valorados por las empresas. El atractivo, a priori, es elevado, pero es aquí donde radica el problema.

La necesidad de que estén los mejores remunerados, porque son los mejores considerados, está sacrificando a determinados talentos. Excepto no más de media docena de jóvenes emergentes que, poco a poco, están logrando estar ahí. Sin embargo, los que también mostraron su toreo y triunfaron en “decisivos” e importantes ferias de primera les pasa el tiempo en desesperante espera. Pese a pasear los apéndices del triunfo con toros de Miura y dejar entreabierta una Puerta del Príncipe tan justa para algunos como necesaria para él. ¿Y éste que dice? ¿Qué dice Pepe Moral? Ni rechista. Se jode y aguarda. Porque ya no le duele la situación, le agota.

En momento como el actual, en el que demasiados aguantan con irreprimible  vocación autocompasiva, la obligada selección no propicia la solución. La gente va menos a los toros y las que van eligen y optan por lo mejor de lo mejor. No es ésta una posición teórica, sino una norma extendida en grandes, medianos y pequeños ciclos. Y este proceder es el que resulta irregular. Porque de nada vale neutralizar el futuro si con los privilegiados que se anuncian los tendidos quedan vacíos en la mitad de su aforo. Sirva como ejemplo el desolador aspecto de los graderíos en significativos cosos en ciertas tardes de toros recientemente celebradas. Madrid, la excepción.   

La actual temporada está siendo concluyente: abundancia de repetitivos carteles y “miserables” bolsillos vacíos. Calidad con menor participación y mayor desequilibrio y desigualdad para unos excelentes toreros a los que se les da la espalda. Y que son la consecuencia de un sistema donde sólo resuelven unos pocos sin mirar al futuro de muchos. Hay quienes se consideran listos y lo reconocen, pero les da vergüenza confesarlo.    

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