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"Está tocado por esa vara del valor desmedido y la impecable quietud. Todo lo hace sin prisas. Ante el toro y lejos de él. Todo lo hace despacio"
Manuel Viera - 04/04/2018

Está tocado por esa vara del valor desmedido y la impecable quietud. Todo lo hace sin prisas. Ante el toro y lejos de él. Todo lo hace despacio. En su tiempo. La tarde de Resurrección en la Maestranza volvió a exponer sus argumentos para seguir ahondando en su verdad. Templó embestidas con la mejor versión de un concepto que constituye, por sí solo, una extraordinaria aportación a la tauromaquia de hoy. Fue la simple y poderosa demostración de una lidia con la que alcanzó su cenit en el grandioso natural.

Una colección de hilvanados pases zurdos, de mano baja y exquisito ritmo, cadencioso trazo y majestuoso remate, hizo que se vivieran  momentos tremendos  cargados de emotividad. Fue la elegancia del trazo. Algo más allá que un bello pase que, sin perder la excelencia, se transformó en algo tan poderoso que consiguió el gozo de quien lo vio. La forma despaciosa y contenida que le imprimió aún emociona. Todo ocurrió ante en buen toro de Victoriano del Río. Expresión y bravura para conseguir la brutal obra.

Fue faena bien concebida en su forma con el vigor de la verdad y la despaciosidad infinita del temple. Al principio fue quietud en estatuarios de miedo. Después, penetrante juego de muñeca que, a compás,  reforzaba el armazón de un toreo que iluminó los repletos tendidos del sevillano coso. Y es que Andrés Roca Rey toreó. Y lo hizo sin florituras. Con la formula simple y sencilla del valor y el temple. Y así construyó el natural. Hondo, de precisión milimétrica, lento y eterno, hilvanado, y acabado con el monumental pase de pecho. Fueron combinaciones letales de un toreo, de izquierda y en redondo, de muleta arrastra. La razón de ser de una faena con la que el diestro limeño descifró todos los argumentos para atrapar el triunfo. Una forma de torear hermanada con la inteligencia y el valor sin descartar lo auténtico. Sencillez y buen gusto en su concepto más expresivo.

Quien hace nada no era más que un chiquillo con ansias de ser torero, en la tarde de Pascua de Resurrección en Sevilla volvió a dejar patente su enérgica vena de figura. Y aún le quedan dos. Vayan a verlo.

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