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Manuel Viera - 18/05/2016

Liberarse de la sensación inmensa del miedo no es posible en tardes como la del pasado viernes en Las Ventas de Madrid. Donde todo fue factible y donde todo pudo ser pese a las complicaciones derivadas de las mansas embestidas de unos toros a la defensiva. Nadie puede negar la trascendencia de la faena de Talavante al quinto de Núñez del Cuvillo. En realidad daba gusto apreciar como los rostros de la gente iban transformándose de forma prodigiosa. Enloqueciendo de emoción. Con todo, lo acontecido después mostró el vigor de una Fiesta  en la que se denotó la vitalidad de un jovencísimo torero capaz de rivalizar con el héroe.

Con ganas de más Roca Rey sumó y no restó. Puso en valor su toreo sin comparaciones odiosas. Así lo entendí y así lo entendieron quienes llenaron Las Ventas  y reconocieron la actitud, la valentía y las formas de quien reivindicó en la plaza su presente y su futuro sin atisbo de falsos planteamientos.

Su compromiso con Madrid fue tan personal como auténtico. Tan valiente como conceptual. Porque lo que se propuso fue ofrecer su tauromaquia desde los mismísimos límites del valor. Lo demás importa poco si lo que se vio fue el toreo y lo que se sintió fue la emoción. Importa más cómo lo que hizo y dijo en el ruedo propagó su culminación a una gente que supo valorar el impacto. Aunque no a esos otros, obsesionados por los tópicos que distorsionan la lidia, que ignoran a conciencia lo que no les interesa. ¿Quién tiene la legitimidad de la emoción? Lo dijo Nebrija: "¿Se me ha de obligar a creer que es falso lo mismo que estoy viendo yo?"     

No se puede despreciar la grandiosidad en una tarde de toros con ilógicos calificativos a la ausencia de un subjetivo toreo. Porque el lenguaje de ese mismo toreo trasciende más allá del tecnicismo y la supuesta autenticidad. Algo así como no reconocer que el conocimiento es irremediablemente parcial. Sin fronteras capaces de contener lo hecho por un torero que, cada vez más metido en su concepto, seguirá ofreciendo emociones entre lo posible y lo imposible de una sola condición: el toro.  

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