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Manuel Viera - 10/09/2014

Perdido sigue por la estadística de su escalafón. Porque perdido está en la cola de la larga lista. La tarde del pasado Corpus en Sevilla se enfundó por primera vez el vestido de torear tras tres años de desesperante espera. Su sueño de torero en las noches en velas de pesadillas inacabables se hizo realidad tras agarrar con fuerza las dos orejas de un bravo toro del Conde de la Maza. Sonado triunfo que sólo llegó a Pamplona, Madrid y Albacete, plazas donde lo ratificó. Y de qué manera lo hizo anteayer. A tres empresas, y nos más, les sonó el eco de la reivindicación, quizá porque la larga lista de sordos, mudos y ciegos del sistema sigue siendo raquítica en lo justo y espléndida en sus intereses caprichosamente impuestos.

Me produce sinsabor ver como sigue ausente el más revelador diestro de la temporada. Y no sólo de los más importantes ciclos, sino de las plazas de segunda y tercera categoría. ¿Qué sensación de justicia le puede transmitir al torero no verse anunciado en nuevos carteles después de los tres contrastados y ratificados triunfos? ¿Ni tan siquiera en corridas “toristas” donde ya se la jugó y triunfó a base de valor, toreo y ambición? ¿Dónde está el interés de los empresarios por llevar a sus plazas a quien se lo ganó delante del toro? Es asombroso que el que está demostrando la verdad de su toreo y la calidad de sus formas, después de casi media década en el ostracismo, se le siga ignorando por el simple hecho de no entrar, por razones obvias, en el atractivo juego del intercambio.

No hay forma que Pepe Moral salga del olvido pese a saberse que en su concepto está los fundamentos del toreo. Con los que contribuyó, en el ruedo de decisivos cosos, a la búsqueda de un triunfo que le llegó con contundencia y ratificó después con la única verdad de su lidia. Los manidos intereses en la organización de las corridas de toros no acaban de dar continuidad al virtuosismo de su tauromaquia, relegándolo a una situación sin sentido, injusta e inmerecida.

Habrá quien considere que este ejercicio de reflexión es un gesto, por mi parte, de energía baladí. ¿Y qué hacer, qué pensar, qué decir? Y es que la lucha entre la justicia y la injusticia, cuando se libra en el incomprendido campo del taurinismo, alcanza a veces dimensiones rocambolescas.
 

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