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Mariano Aliaga - 20/03/2015

En reuniones de parejas a menudo surge el eterno debate sobre el control del mando televisivo como exponente máximo del control familiar manejando el ocio de al menos dos, pulsando entre fútbol, cine o basura, por ejemplo.

Juego de trono que entre los más jóvenes, conocidos, alternan poder por días u horas, incluso por temas, intercambiando programas entre ambos en democracia doméstica. Otros, cercanos a bodas de plata o antes, con hábito asumido y experiencia sobrada, no comparten salón y optan por duplicar pantalla en habitaciones separadas con un tesoro entre las manos cada uno, siendo líderes en su pequeña república.

En las ferias de Abril y San Isidro el mando queda fuertemente sujeto por las figuras y sus apoderados. En Sevilla, excepto Manzanares o por él, con importante complicidad de empresa plana, deciden pulsar la tecla de cambio de canal o tv off, siendo partícipes-cómplices de la decadencia sevillana, sin entrar en detalles, solo viendo el resultado final.

En Madrid exigen y condicionan compañeros y ganado, eliminando opción de elección a espectadores y telespectadores, voluntarios pagadores, condenados a vivir momentos del monocanal TVE en los años sesenta, sin opciones de cambio a cadenas alternativas más jóvenes que puedan contra-programar para arrebatarlos la audiencia, eliminando, por primera vez hasta donde alcanza la memoria, alternativas y confirmaciones de la que siempre ha sido la feria de las oportunidades. Ahora solo falta ver si también, en correspondencia, acaparan triunfos y taquilla.

La empresa contratante queda resignada y acepta la cesión del poder a cambio de vender el atractivo del ciclo, sin más remedio para no caer como los colegas del sur, en lo que parece una película por escenas, pero no es más que una redundancia como el film basado en el día de la marmota, repetida año tras año desde Valencia hasta Zaragoza, marzo a octubre. Mala pareja de escalafón inferior al que no concede opciones que no sean otras cadenas, festejos, minoritarias locales.

Tampoco a ganaderos que no crían el toro para el torero sino para el aficionado, cumpliendo mandamiento base del bravo, castigados con el olvido por ser infieles a la modernidad impuesta que provoca distracción y deserción en el tendido por la ausencia de emoción, siendo junto con noveles toreros los más necesitados, pero la ausencia de unos desemboca en la de los otros irremediablemente, mandándolos a otra habitación pero sin mando ni pantalla. Parece que hubieran leído nuestro anterior artículo “El poder de la clase media”.

El panorama debería ser tan amplio como la TDT, donde caben canales generalistas y temáticos, figuras imprescindibles para dar el brillo que fidelice al abonado y al intermitente de tardes, más el contraste con los nuevos para que puedan ganar terreno. Por si no está claro, sumar y no restar, dentro de una buena feria a la que le falta remate. Imposible parece.
Y si esto ocurre en Madrid, imaginen el resto.


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