PACO DELGADO

Carnaza para Tabori

jueves, 14 de mayo de 2020 07:00
jueves, 14 de mayo de 2020 07:00

Aunque era ya notorio y abundante el catálogo de tontos, la emergencia sanitaria está sirviendo de abono para que broten nuevos y espectaculares casos.

Y si en el tema de la gestión de la crisis, que ha pillado con el pie cambiado a todo Cristo, nuestras autoridades, casi más que gobernados -y sigue aumentando la nómina-, no han estado a la altura ni al nivel deseable, al acercarse al mundo de los toros, sector vulnerable y muy afectado por la situación, la actuación de los responsable, directos, indirectos o que pasaban por allí -con notables y loables excepciones: el Ayuntamiento de Alicante, el de Madrid, la CAM, el alcalde de Villarreal...- podría haber hecho que muchos figurasen tranquilamente en la obra del escritor satírico polaco Paul Tabori, que dejó para la posteridad una Historia de la estupidez humana que debería ser de lectura obligada.

Cuando hace unos días se presentó una nueva normativa destinada a “apoyar y defender”, y lo pongo entre comillas, al sector cultural ante la pandemia originada por el Covid-19, ni apareció ni se pronunció para nada el nombre de la tauromaquia, aún cuando el Real Decreto 1435/1985 incluye las actuaciones de los profesionales taurinos dentro el ámbito de artistas en espectáculos públicos y que, por ejemplo, pueden tramitar la solicitud de la prestación, teniendo como requisito que estar inscritos como desempleados. No es de extrañar esta omisión de la portavoz María Jesús Montero, pues hay que recordar que una de las peticiones de Unidas Podemos para formalizar su coalición de Gobierno era la puesta en funcionamiento de una Ley de Bienestar Animal en la que se eliminarán las ayudas y subvenciones relacionadas con la tauromaquia. Un complejo que les hace renegar hasta de lo que es un hecho incontrovertible: que los toros son una manifestación cultural de primer orden y patrimonio de los españoles.

Y en la Comunidad Valenciana, en cuyas tres provincias se celebran cada año casi diez mil festejos -lo que significa unos 300 millones de euros de impacto económico de producción y representa el 0,08 % del PIB de la Comunitat y el 0,16 % del empleo total, según un estudio financiero realizado por la Facultad de Economía de la Universidad de Valencia- la responsable autonómica de Agricultura -miembro de Compromìs partido especialmente beligerante y contrario a la tauromaquia-, niega cualquier tipo de ayuda para los ganaderos de bravo, lo que supone llevar al matadero a unos seis mil toros que no podrán ser lidiados este año. Postura defendida por la vicepresidenta de la Generalidad Valenciana, Mónica Oltra -también de Compromìs, como aquel otro senador que se tira de los pelos si la tauromaquia recibe algún tipo de subvención y se desgañita en defensa de la streptopelia turtur..-, que mantiene su actitud de postergar a las ganaderías de lidia en las ayudas aprobadas, por un importe de 7,3 millones de euros, para los sectores que representa aquella Consellería, manifestando que estas ayudas son para “Los sectores que nos han dado de comer durante el confinamiento, no para esos que conllevan el espectáculos. No estamos hablando de animales de espectáculos igual que no estamos hablando de animales de circo. Estamos hablando de animales criados para el consumo humano y ahí han ido las ayudas”... La estupidez, que reviste formas tan variadas como el orgullo, la vanidad, la credulidad, el temor y el prejuicio, que decía Tabori.

Claro que por la parte que nos toca tampoco se puede decir que haya habido mucho movimiento que no sea mesarse cabellos y barbas... sin que se haya intentado buscar soluciones o salidas. Por no hablar de un proyecto sólido que sirva no sólo para salir del paso sino de primera piedra para lo que debe ser la imprescindible renovación del sector.

Pero esto es ya para otro día.

 

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