CARLOS BUENO

Que no nos quiten el arroz

De ahí que, cuando desde el Parlamento Europeo han llegado noticias sobre la posibilidad de que a las ganaderías de bravo se les podrían retirar las ayudas económicas de la PAC, la UCTL se ha apresurado a viajar hasta Bruselas
martes, 05 de marzo de 2019 09:00
martes, 05 de marzo de 2019 09:00

Me contaba hace unos días el aficionado taurino Andrés de Miguel el escaso –por decir algo– respaldo que durante los últimos cuatro años ha recibido del mundo taurino profesional. Todo ese tiempo es el que ha durado el juicio contra los antitaurinos que quisieron boicotear una conferencia del Aula de Tauromaquia del CEU allá por el año 2014. El resultado final ha sido que los acusados han aceptado las peticiones de seis meses de cárcel para cada uno de ellos. Afortunadamente para él, don Andrés ha ganado el pleito, pero también lo hubiese podido perder, y con ello, además de su valioso tiempo, habría dilapidado una buena cantidad de dinero de su bolsillo. Nunca pidió ayuda económica, pero un poco de apoyo moral por parte de quienes viven del negocio no hubiese estado de más. Al fin y al cabo, la resolución favorece a la tauromaquia en general, pues crea jurisprudencia al no existir hasta ahora ningún antecedente de imputación de delito de desórdenes públicos por algún caso similar.

El tancredismo del sector siempre ha sido tónica general. Ejemplos como el de Andrés de Miguel no es único, los hay a mansalva. El último se acaba de producir en un pueblo de Alicante, concretamente en El Campello, donde la profesora de un instituto ha cargado contra la tauromaquia de forma sibilina. La presunta educadora pretendía imponer a los alumnos de 13 y 14 años sus gustos personales como pensamiento único, al estilo más déspota de las dictaduras nazis o comunistas. Para ello propuso un ejercicio en el que los chavales debían lanzar duros calificativos contra las fiestas de los toros y las celebraciones populares y tradicionales.

El trabajo consistía en completar la letra de una canción en la que se recogen frases que aluden a los toros como “fiesta sexista, impuesta, capitalista, castellana o fascista” entre otras lindezas. Este tipo de adoctrinamiento no se puede consentir, porque más allá de ser inmoral puede que sea anticonstitucional y, por lo tanto, hasta delictivo. Los padres somos quienes tenemos el derecho a elegir la educación que reciben nuestros hijos, que jamás ha de llegar impuesta por un dictador sea del tinte que sea. La Federación Provincial de Asociaciones de Padres de Alumnos de Alicante ha reclamado que no se utilicen las aulas para defender una determinada ideología, lamentando la presencia de “talibanes ideológicos” entre el profesorado valenciano que “empañan la labor de 56.000 grandes docentes”, y avanza que presentará una queja a la Conselleria de Educación.

¿Y los profesionales? Que se sepa, ninguna asociación profesional ha interpuesto denuncia alguna a pesar de que el asunto no se puede dejar pasar porque podría abrir la veda a que fructificasen sin coto nuevos “talibanes”.

El inmovilismo taurino impera y sólo desaparece cuando a alguien se le tocan “los dineros”. De ahí que, cuando desde el Parlamento Europeo han llegado noticias sobre la posibilidad de que a las ganaderías de bravo se les podrían retirar las ayudas económicas de la política agraria común (PAC), la Unión de Criadores de Toros de Lidia se ha apresurado a viajar hasta Bruselas para mantener reuniones con todos los políticos posible y explicarles el valor ecológico y medio ambiental y la importancia de la cría del toro para la fijación de población rural, y de paso, o directamente, pedirles el voto favorable cuando en abril se debatan las concesiones de las ayudas PAC.

Lógico. Defenderse es lo que debe hacerse cuando se recibe un ataque. Permanecer impasible es asumir. Quien calla otorga, y quien lo hace está condenado a desaparecer. Por eso, ante casos como el de Andrés de Miguel o el del colegio de Alicante, me sigue llamando la atención la fría inmutabilidad de quienes tienen su plato de arroz en esto, a no ser que les quiten el arroz. Aunque igual entonces ya es demasiado tarde.

 

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