CARLOS BUENO

Más cornadas da el agua

martes, 10 de septiembre de 2019 07:41
martes, 10 de septiembre de 2019 07:41

El número de ahogamientos en España se ha disparado. En lo que llevamos de año 307 personas han perdido la vida mientras tomaban el baño. 74 muertes ocurrieron en agosto y 94 en julio, un mes especialmente trágico con una media de tres defunciones al día. Se trata de 56 fallecidos más de los registrados hasta el 31 de agosto de 2018, un incremento anual del 22’31 por ciento. La Comunidad con mayor número de ahogados ha sido la Valenciana con 46, lo que representa el 15 por ciento nacional.

Además, cuatro de cada diez playas españolas no tienen servicio de salvamento. En lo que respecta a las valencianas el 41’18% no cuentan con esta asistencia. El perfil principal del la víctima es un varón de nacionalidad española de más de 45 años, y este tipo de fallecimientos está entre las diez primeras causas de defunción entre los niños.

¿Se imaginan que cada año perdieran la vida más de 300 personas en festejos taurinos? ¿Alguien puede creer que se permitiría que casi la mitad de las plazas no contase con servicio de enfermería? ¿O que se consentiría que las cornadas estuviesen entre las diez principales causas de muerte entre los niños? Inconcebible. En lo que llevamos de año cinco personas han fallecido en diferentes fiestas tradicionales de la Comunidad Valenciana, donde se efectúan anualmente más de 9.000 espectáculos en calles y plazas de toros. Todos los cosos y celebraciones de ‘bous al carrer’ cumplen hasta el mínimo detalle con la dura normativa en materia de seguridad y sanitaria que impone la legislación. Pero en cuestión taurómaca el juego a vida o muerte es real y se acepta de manera libre. A nadie se le obliga a ser torero o a participar en una función popular; como tampoco se debería imponer la prohibición de hacerlo.

Sin embargo, ante el número de fallecidos que se han cobrado las calles taurinas durante el verano, ahora hay partidos políticos que han vuelto a la carga pretendiendo endurecer aún más las condiciones para permitir que se puedan realizar festejos. Obligaciones en muchos casos desmesuradas e inasumibles económicamente por las peñas. A la postre se trata de una manera de impedir su continuidad sin que aparezca la palabra prohibición en sus proclamas. Aún no se ha escuchado una voz que intente prohibir el baño en España a pesar del exorbitante número de ahogamientos que se producen cada año. Tampoco las Administraciones se autoimponen la obligación de mejorar la seguridad de los bañistas equipando de servicio de salvamento a la totalidad de playas y espacios acuáticos. Será porque les importa más el supuesto bienestar animal, tan ficticio como hipócrita y electoralista, que la vida de las personas.

La lógica diría que, entre otras cosas mucho más importantes, habría que dotar de asistencia de socorro a todas las playas y dejar de buscar motivos pueriles para acabar con algo tan libre, democrático y del pueblo como la tauromaquia, donde, por cierto, pierden la vida un 97 por ciento menos de personas que bañándose.

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