MANUEL VIERA

Ya ni eso, ni tentaderos

“Ya, ni eso. Ni tentaderos. Más torean en el campo los llamados aficionados prácticos, porque pagan por hacerlo, que los que buscamos el futuro en el toro. Toda una temporada en blanco”

No hace mucho me lo dijo. “Ni una sola. Y no más de tres tentaderos esperando en la tapia la invitación del ganadero. Ya, ni eso. Ni tentaderos. Más torean en el campo los llamados aficionados prácticos, porque pagan por hacerlo, que los que buscamos el futuro en el toro. Toda una temporada en blanco”. Es la lucha sorda de uno de los muchos que quieren y no pueden. Uno de los muchos que tiene en común la misma condena: no torear. La ilusión que palpita entre el deseo y la impotencia. Una forma de padecer un problema que se convierte en enorme decepción. Aborta ilusiones y cierra puertas de futuro a quienes siguen desafiando la realidad.

Y la cosa va adquiriendo tal grado de imposibilidad que fomenta la frustración. El desengaño de unos novilleros que arriesgan su presente en interminables horas de entrenamientos diarios, durante años, a cambio de un sueño utópico. Se revelan como locos ante una situación insoportable. Le piden dinero por torear. Pero ahí siguen, capaces, dicen, de imponerse al dilema que ha sumergido las novilladas con caballos en un inmenso caos organizativo.

De entre los muchos problemas que azotan al mundo del toro hay uno ubicuo que es causa y efecto de muchos otros: la indiferencia. La indiferencia con los que quieren y no pueden. Inéditos toreros sin posibilidad de mostrar. Sin un euro en el bolsillo para pagar la oportunidad que el tunante de turno le ofrece en la portátil de un pueblo en fiestas.

Es obvio que, para crear futuro, la celebración de novilladas debería de ser una prioridad en la disposición de las empresas. Y sólo lo son en los grandes ciclos de Sevilla y Madrid. Y en algún que otro sólo destinado a la programación de estos festejos con picadores. Se prefiere reconocer el fracaso deficitario que supone su organización a que el espectáculo se corresponda con la existencia de su propio horizonte. La decadencia de las novilladas y la ausencia, por una u otra causa, de ilusionantes nombres con aportaciones al futuro del toreo determinan la cuestión. Un endiablado conflicto sin caminos para resolver. Incomprensible.

 

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Tristeza
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Indiferencia

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