MANUEL VIERA

Que nadie les quite un ápice de ilusión

Será al final, en el atardecer del último jueves de julio, cuando agosto se apresura a caldear Sevilla, cuando tres privilegiados, premiado su buen hacer con repetir actuación, se disputen el triunfo final
miércoles, 10 de julio de 2019 08:00
miércoles, 10 de julio de 2019 08:00

Descubrir cualidades y calidades de quien pretende ser torero es uno de los goces más apetecibles para cualquier aficionado que se precie. Descubrir un atisbo de toreo entre los dieciocho candidatos al triunfo, durante las cuatro noches de julio en la Maestranza, es uno de los mejores disfrutes para los que llenan los tendidos de la plaza. Y también el divertimento deseado para esa otra gente, familias completas, que ocupan las gradas dispuestas a tapear mientras jalean lo que abajo, en el ruedo, hacen los soñadores del toreo.

En las noches de los cuatro jueves de julio se verán escogidas reses de conocidos hierros ganaderos acorde, su presentación y hechuras, con la plaza en la que se lidian. Y que pondrán a prueba con su variado juego la preparación de los actuantes. Se comprobará la puesta a punto que Sevilla exige para los que pisan el albero de su plaza. Aunque sean jóvenes inexpertos los que a ella acudan y su tauromaquia, más soñada que real, la tengan aún sin definir. Se apreciarán, quizá, exquisitas formas de hacer el toreo y, sobre todo, ganas, muchas ganas de querer, aunque le sea demasiado difícil poder. A otros se les verá sólo el excesivo esfuerzo por alcanzar metas imposibles. Y aunque sean bisoños principiantes dispuestos a todo se les hará vital el saber estar, el tener la primera lección bien aprendida pese al exiguo bagaje.

Será al final, en el atardecer del último jueves de julio, cuando agosto se apresura a caldear Sevilla, cuando tres privilegiados, premiado su buen hacer con repetir actuación, se disputen el triunfo final que le hará optar a ese vestido de torear que es símbolo del sueño de seguir enfundándoselo. Tres aspirantes a toreros iniciarán a partir de esa noche el áspero y sinuoso camino que conduce, aunque no siempre lleva, a la ansiada meta.

De todas formas, a unos y a otros, que nadie les hable de futuro y sí de presente. Que nadie les quite un ápice de ilusión para su particular noche de julio en la Maestranza de Sevilla.          

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