GALLEANDO
La realidad que hiere el alma
Por Manuel VieraMañana es Navidad. Perdónenme la osadía amigos aficionados. Déjenme eludir por esta vez la realidad ilusionante, aunque compleja, del mundo del toro y admítanme el atrevimiento. Déjenme mostrarles el retrato de esa otra realidad que hiere el alma. Con todos los sentidos, y con la acidez del detalle, descubro cada día la tremenda dureza de esta tremenda situación que estremece las vidas en esta España de la indefensión, el vacío y la sinrazón.
Imposible no cabrearse ante los testimonios del falso progresismo que sigue y necesita ahora cubrir con engaños los males engendrados. Todo parecía soñado, y por esa razón todo es real. La realidad de tantas familias, en estado permanente de ansiedad y paranoia, ante el imposible lugar donde cobijarse en este tiempo de injusticias sin reparos morales, de okupas protegidos por la más incoherente de la leyes. La realidad de unas mesas solidarias que se transforman en platos de comida que alivian el hambre. La realidad de una clase política ineficiente y, con excesiva frecuencia, corrupta. La realidad de unos sinvergüenzas enriquecidos mintiendo sin complejo de culpa.
¿Quiénes han logrado convencer? ¿Quién reacciona ante este deterioro progresivo que lo invade todo? Y mientras esto se desmorona y el país se tambalea, el embuste y la corrupción gangrenan la existencia.
Grotesca situación que nos tiene bien jodidos. Sin embargo, seguimos esperando esa complicada solución negada al poderío de los que mandan. Una utopía. Un inútil sueño, quizá, pero necesario e imprescindible para recuperar una pizca de credibilidad de unos políticos que siguen escuchándose a sí mismos. Mejor sería que se lanzaran de una vez por todas en caída libre para zambullirse en el oleaje cruel de sus mentiras.
Llegaron las fiestas con ese runrún de comilonas, espumillones y panderetas. Y cuando en unos días los “Magos de Oriente” acudan al Portal con sus bolsas repletas de regalos, de alguna de ellas asomará la esquina delatora de la pobreza. Canallesco presente de los que luchan por nada y sin nada. Triste historia para los que no tienen Navidad.
Pese a todo, estimado lector, mi deseo de unas felices Pascuas, y que cada día de 2026 sea una ilusión y siempre una esperanza.