PACO DELGADO

75 años de una tragedia

jueves, 03 de octubre de 2019 08:00
jueves, 03 de octubre de 2019 08:00

Se han cumplido, y conmemorado, estos días distintas efemérides y aniversarios . Hace cien años, por ejemplo, tomaron la alternativa Manuel Jiménez “Chicuelo” y Juan Luis de las Rosa. Los dos se convirtieron en matadores el mismo día, 2l 28 de septiembre, y en la misma ciudad, Sevilla. Pero en distintas plazas. Aquel en La Maestranza, de manos de Juan Belmonte,. este en la Monumental, teniendo como padrino a Gallito, promotor y artífice de lo que quiso que fuese un recinto extraordinario y con mucha mayor capacidad que el coso del baratillo y que a su muerte, interese y envidias, la llevaron al olvido y la desaparición.

El 26 del pasado mes se cumplieron 35 años de la cogida mortal de Francisco Rivera “Paquirri” en Pozoblanco y que conmocionó a España entera. Pero también, hace 75 años, la víspera de San Miguel, la peculiar y especialísima plaza de Algemesí era escenario de una tragedia de la que no se ha hablado tanto: el percance que le costó la vida a Manolo Cortés. Una de las más grandes desgracias que se han vivido en la Feria de las Novilladas.

Ocurrió la tarde del 28 de septiembre de 1944, cuando un novillo de Frías Hermanos, “Bellaflor”, marcado con el número 16, colorado, cornigacho y de preciosa lámina, hirió muy gravemente al novillero Manuel Garrigós Cortés, Manolo Cortés en los carteles, madrileño de nacimiento pero establecido y afincado en Valencia y que llegaba precedido de grandes éxitos en Barcelona, plaza que por entonces certificaba la viabilidad de todo aquel novillero con aspiraciones y posibilidades.

Bellaflor le empitonó por la parte superior de la pierna izquierda, dándole una cornada de 20 cms. hacia arriba a hacia adentro, que ocasionó la rotura de los vasos femorales. Una tremenda cornada que hizo estremecer a la plaza y que en el parte que firmó el doctor Ismael Ramírez se calificó como muy grave. Trasladado urgentemente a Valencia en una furgoneta de Harinas Lacteadas Sos -no había ambulancia ni enfermería-, el viaje se hizo interminable, ya que a las malas condiciones de la carretera se sumó una avería de la furgoneta, lo que retrasó todavía más su llegada a la clínica Alianza Levantina, en donde el doctor Serra hizo lo posible e imposible por salvar su vida.

A las diez de la mañana del día siguiente se le practicó una transfusión de sangre y le administraron la extremaunción. Al declarase una gangrena en el miembro herido hubo necesidad de amputarle la pierna izquierda, lo que provocó que la Comisión Taurina de Algemesí organizase un festival para ayudar a sufragar los gastos de la operación. Los directores de lidia fueron Enrique Torres y Rafael Ponce “Rafaelillo”, actuando como matadores Paco Peris, José Salvador “Pepillo” y Pedro Montolíu, que tantas veces se anuncio en Algemesí. El festival, celebrado el día siguiente, 2 de octubre, fue todo un éxito.

Sin embargo el estado de salud del novillero fue empeorando y el 14 de octubre del año 1944 a las diez y cinco de la noche falleció. El óbito le sobrevino a consecuencia de un colapso.

Meses después de su muerte, el 9 de abril de 1945, el diestro mejicano Carlos Arruza hizo su presentación en Valencia, cortando
cuatro orejas, un rabo y una pata. El lado humano de la noticia es que sus honorarios -50.000 pesetas- los donó a la madre del infortunado torero.


Algemesí ha recordado ahora, con una exposición, a aquel valiente novillero que, como tantos otros, dio su vida por lo que fue su gran ilusión: ser torero.

 

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