JORGE ARTURO DÍAZ REYES

El Paso y Dayton

martes, 06 de agosto de 2019 13:50
martes, 06 de agosto de 2019 13:50

Hay noticias que no se pueden soslayar. Treinta y dos muertos y cincuenta heridos en 13 horas, dejaron dos recientes masacres en Estados Unidos. Las dos últimas de veinte mal contadas durante lo que va del año en ese país (incluyen solo las que producen tres o más cadáveres).

Por separado, dos jóvenes blancos de 19 y 21 años respectivamente, apertrechados con armamento de guerra, condujeron el uno nueve horas y el otro cinco para llegar a los concurridos puntos donde perpetrarían sus carnicerías.

Las pacíficas, desprevenidas e inermes víctimas no los vieron llegar. Estupor, dolor, horror, desconcierto y de inmediato, los ya manidos análisis, conjeturas y teorías respecto a las causas del fenómeno y lo que habría que hacer para controlarlo, si no eliminarlo.

Qué el odio, qué el racismo, qué la xenofobia, qué las armas, qué la incitación… Obviedades. Pues claro que sí, todo eso. ¿Y…?

Entre tantas opiniones, eufemismos, intereses, inculpaciones y descargos no he leído ninguno que señale un “malestar en la cultura” como diría Freud. Que diagnostique tal locura como una enfermedad social. Como un asunto, más que de seguridad nacional, de salud pública.

Pero a Freud ya casi no se le lee y menos los políticos tan interesados en el mercado electoral siempre. No es el caso de los antitaurinos quienes desde los tiempos de “El Gallo” y Eugenio Noel, no paran de acusar psicoanalíticamente a los toros como inductores de violencia y exigir su prohibición.

No han faltado (hasta ahora) sino ellos culpando las corridas de toros. Quizás porque en la mayor de las dos hecatombes, un manifiesto asume el rechazo a los inmigrantes hispanos como causa del ataque.

Pero no nos hagamos ilusiones. Ya deben andar por ahí en México, Ecuador, Colombia, Venezuela, España, Francia y Portugal, países de cultura taurina, los cazadores de votos buscando alguna razón que justifique la relación indirecta del toreo con estas bestialidades. Ya me imagino sus piadosos discursos.

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