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Paco Delgado - 10/12/2015

Se nota que se acercan las elecciones y los partido de izquierda, sobre todo los más radicales, aumentan la intensidad de sus ataques contra la fiesta taurina, de cuya desaparición han hecho caballo de batalla y uno de sus principales argumentos y objetivos.

Hace unos días, el alcalde comunista de Valencia protagonizaba un nuevo brindis al sol y declaraba solemnemente que ni subvencionará festejos taurinos ni ayudará a la plaza de toros de su ciudad -cuando el ayuntamiento no tiene capacidad ni competencia alguna en ese terreno-, en una nueva muestra de su talante y animadversión programática por el espectáculo taurino y su entorno: “No nos gusta el tema de los toros, eso está claro. Pero vamos a trabajarlo con cuidado. Lo que sí tenemos claro es que no vamos a favorecerlo, no vamos a subvencionarlo y no vamos a subvencionar cualquier cosa que suponga maltrato animal”. Como si el tema de las corridas de toros fuese de incumbencia municipal -la plaza de toros y todo lo que genera y conlleva es cosa de la Diputación-, en clara demostración de su desconocimiento del tema y el querer aprovechar la más mínima ocasión para dejar bien claro que van de puros en esto.También ha manifestado su intención de eliminar el bou embolat de las pedanías en las que se celebra este festejo en 2016: “Me parece algo bastante detestable", ha dicho textualmente.

En esta misma línea de gestos vanos y que, como los malos toreros, se hacen de cara a la galería, buscando el aplauso fácil, el ayuntamiento socialista de la ciudad valenciana de Aldaya, en lo que más parece otro brindis  a la solanera y tratando de dotar a su propósito de un barniz democrático, convocó un referéndum entre sus vecinos para decir sí o no a los toros.

Durante unos días los vecinos de la localidad mayores de 16 años pudieron dar su opinión al respecto, siendo finalmente el “no” la respuesta más votada. Un resultado que desde varios medios se ha difundido con tanta alegría como falta de rigor y objetividad, puesto que, primero, lo que se votaba no era “sí” o “no” a los toros, sino el que se incluyesen estos festejos dentro del programa de actos de las fiestas patronales, y, segundo, nadie ha explicado que de los 23.000 vecinos con derecho a voto sólo lo ejercieron poco más de 3.000, es decir, menos un 14%, y que 1.801 de esos votos fueron contrarios a la celebración de festejos taurinos y 1.418 a favor. Una diferencia mínima de una participación mínima que no debería ser vinculante y que, en ningún caso, puede ser interpretada como una clara manifestación de repulsa a los espectáculos taurinos, tal y como pretenden desde partidos de  la izquierda yo diría que antiespañola, asociaciones animalistas y medios de comunicación contrarios a los toros.

En La Coruña y Palma de Mallorca han conseguido que ya no haya corridas. En Alicante han eliminado la dotación presupuestaria para su Escuela Taurina y en otras ciudades y poblaciones se extiende esta manía de ir contra los toros de una u otra forma.

Vistas a sí las cosas, cabe pensar que, o bien no hay nada más urgente que resolver en estos citados lugares -lo cuál les deja en bastante mal lugar, ya que daría entender que se han encontrado ciudades sin paro, si desempleo juvenil,  sin gente que se queda sin casa, sin familias que no tienen un euro... -, o que su odio y aversión a los toros -una manifestación de nuestra cultura, no se

olvide- hace prioritario el tema de su prohibición y les hace dejar de lado la solución de todas aquellas otras -y estas realmente sí muy

acuciantes- cuestiones. Como para votarles y darles nuestra confianza

 

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