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Paco Delgado - 16/07/2015

Siguen aumentando la preocupación, la desolación, la indignación y la crispación entre los aficionados al seguir subiendo, en proporción geométrica, el acoso de unos antitaurinos crecidos por el apoyo que reciben de muchos de los nuevos responsables de la cosa política. No son pocos los alcaldes y etcéteras -sobre todo en la Comunidad Valenciana, tierra tradicionalmente taurina y con récord de festejos celebrados al año- que cuestionan, cuando no prohíben directamete, la celebración de espectáculos taurinos.

Llegados a este punto, conviene recordar y subrayar algunas cosas:

A.) Los toros son una manifestación más de nuestra cultura, arraigada desde hace siglos y representada, a través de la corrida -evolución estilística, normalizada y reglamentada de la antiquísimo relación del hombre con el toro- en prácticamente todas las artes y otras muchas ciencias, desde la medicina hasta la arquitectura, por poner dos ejemplos de materias bien diferentes. La tauromaquia es de todas las bellas artes la más ortodoxa, pues es la que más prepara el alma para contemplación de las grandes verdades, dijo Miguel de Unamuno, que no fue, ni mucho menos, el único intelectual que ha defendido una tradición que la moderna y falsa progresía quiere cargarse. También es significativa esta cita de Lorca: "El toreo es, probablemente, la riqueza poética y vital mayor de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que la de los toros es la fiesta más culta que hay hoy en el mundo. Es el drama puro, en el cual el español derrama sus mejores lágrimas y sus mejores bilis. Es el único sitio donde se va con la seguridad de ver la muerte rodeada de la más deslumbradora belleza". Y hasta Ortega y Gasset dejó escrito que para conocer bien a españa hay que conocer lo que sucede en una corrida de toros.

B.) Es, tras el fútbol, el segundo espectáculo en número de espectadores, muy por encima del cine o el teatro. Dato, asimismo, significativo de su tirón y potencia. Por no hablar del impacto económico que produce, siendo varios miles de millones de euros lo que el Estado ingresa de los toros y prácticamente despreciable lo destinado a subvencionar alguna actividad relacionada con la tauromaquia.

C.) ¿En base a qué ley se basan los políticos prohibicionistas para pedir su abolición o impedir la celebración de funciones de toros? ¿Cuándo piden un referéndum que decida el futuro de estos espectáculos en base a qué lo hacen? ¿Cuántos son los ciudadanos que piden esta prohibición? ¿Es un número significativo para que se lleve a cabo esa consulta? ¿vale más la opinión, el gusto o la convicción de unos pocos sobre otros muchos? Democracia es vivir con arreglo a lo que dice la ley y, que yo sepa, no existe ninguna que impida la celebración de festejos taurinos ni su organización o asistencia a los mismos.

D.) En serio ¿No hay nada más urgente que intentar acabar con las corridas de toros?

E.) En medio de toda esta polémica vuelve a ser significativa, y preocupante, la actitud pasiva de la mayoría de empresarios, ganaderos y toreros. Y es, no se olvide, su negocio lo que está en liza.

No es nueva esta situación ni de ahora ese afán prohibicionista. También hay que recordar que, tras esas etapas oscuras, a las que fue el mismo pueblo quien puso fin, siempre resurgió el espectáculo taurino. Pero eso tampoco lo saben los que ahora se pavonean y, como en La Coruña, prefieren pagar una fuerte indemnización antes que dejar que haya toros en sus fiestas. Vaya concepto tienen de democracia estos pajaritos.

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