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"Con la celebración el pasado fin de semana de la eliminatoria de  cuartos de final de la Copa Davis en la plaza de toros de Valencia - todo un espectáculo en un marco inigualable, con una organización  impecable, un público volcado, a pesar del mal tiempo, y la victoria  final del equipo español..."
Paco Delgado - 19/04/2018

Con la celebración el pasado fin de semana de la eliminatoria de  cuartos de final de la Copa Davis en la plaza de toros de Valencia - todo un espectáculo en un marco inigualable, con una organización  impecable, un público volcado, a pesar del mal tiempo, y la victoria  final del equipo español sobre el alemán- han quedado, al menos, dos  cosas muy claras: la primera es el enorme potencial que tiene el coso  de Monleón, capaz de albergar con una extraordinaria solvencia  cualquier tipo de evento, ya sea cultural o de otra índole, dada su  perfecta ubicación en pleno centro de la ciudad, fenomenalmente  comunicada y con un aforo ideal para acoger acontecimientos de la mas  diversa naturaleza. Lo que, por otra parte ya se demostró hace años  cuando en él se daban toda clase de acontecimientos y, desde el año  pasado, ha vuelto a quedar patente con su utilización como espacio  expositivo.

Por otra parte también se ha demostrado la inquina de las autoridades  municipales hacia el hecho taurómaco cuando ahora han dado todo tipo  de facilidades y autorizado hasta el corte de alguna calle para  instalar a los equipos de televisión y medios de comunicación que  cubrieron esta eliminatoria tenística; todo lo contrario que cuando  se ha solicitado lo mismo para la retransmisión de la feria taurina  de fallas o para el montaje de alguna instalación que acogiese actos  culturales y sociales en un ángulo de la explanada que la rodea, cosa  que se ha negado para los toros y ahora se ha autorizado que se ocupe  no sólo una parte, sino toda ella, pagando además los 300.000 euros  del canon que exige la organización de la Copa Davis y negando  cualquier tipo de publicidad o subvención para festejos taurinos. O,  en otro orden de cosas, acudiendo en grupo a presenciar alguno de los  partidos y huyendo como del demonio cuando, como máxima autoridad  municipal, deberían dejarse ver en unos festejos que ponen a la  ciudad que gobiernan en el centro de la actualidad y en todo el mundo.

Tenemos el mayor espectáculo que contemplarse pueda, el de los toros,  evidentemente, pero nos empeñamos en hacerlo de menos, en  despreciarlo -por cuestión política, ideológica y desconocimiento- y,  al final, no son pocas las voces que dicen que entre todos -aquí  también habría que hablar de la incapacidad de la clase dirigente  taurina para defenderlo y potenciarlo-, puede que hasta nos lo  terminemos cargando.

Aunque, personalmente, creo que es tal la fuerza de la tauromaquia  que eso no ocurrirá. Lo que, por ejemplo, se demuestra en la  influencia recíproca que hubo esos tres días de abril entre dos  mundos tan distintos. La plaza de toros de Valencia se impregnó con  el espíritu de la Copa Davis y el tenis y la Copa Davis se roció a  conciencia con la esencia de la plaza y su significado. Y el  resultado ha sido histórico y no se olvidará. De momento, los  organizadores han quedado encantados y Valencia y su plaza ya se han  postulado para acoger una hipotética final de esta competición. Y los  de su equivalente en versión femenina, la Copa Federación...

Ojalá que sean otras muchas las que recalen en ella y eso sirva para  dinamizar un edificio que es uno de los emblemas de la ciudad.

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