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Paco Delgado - 26/05/2016

No sé si hemos llegado a un punto sin retorno o estamos todavía a tiempo de rectificar, algo que dudo. Pero de lo que estoy convencido, con pesar, tristeza y vergüenza, es de vivir en un país enfermo. Y, lo peor, es que no hay médico que le pueda curar. Primero, porque el enfermo no se considera tal y, por tanto, no tiene conciencia de su mal y no entiende que precise ayuda. Segundo, porque no creo que exista facultativo alguno que aliviar pueda estos males..

Y no por ser algo secundario a la vista del cuadro clínico general - del que hay otros espacios en los que se trata con mucha más amplitud, exactitud y ciencia- son menos graves ni preocupantes los síntomas que derivan del espectáculo taurino. Coincidiendo con las fiestas de San Isidro -de cuyo programa son parte capital las corridas de toros-, se ha presentado en Madrid la plataforma ‘Capital Animal’, un proyecto que busca "hacer visibles los derechos de los animales desde la óptica de la creación artística y cultural", siguiendo la estela del Ayuntamiento de Alicante, que creó una concejalía para la defensa de los animales, como si en esta ciudad se despellejase a los perros por las esquinas o fuese práctica habitual o corriente el ahorcar gatos al atardecer...

Uno, que desde pequeño y en su entorno familiar ha tenido una gran y estrecha relación con animales, comprende que se les tenga que cuidar y respetar así como el evitarles siempre sufrimiento gratuito y condenar y perseguir la crueldad y la vileza contra ellos. Y aun cuando es palmario que un animal no puede tener derechos en cuanto no tiene conciencia -algo distinto al instinto- y, por tanto, no debe obligaciones, es evidente que no por ello hay que andar a palos con ellos. Pero lo que estos movimientos pretenden, así como otros, no es la defensa de los animales ante comportamientos salvajes y repulsivos por parte de algunos humanos -de cuya condición hay que dudar a la vista de su conducta- que, afortunadamente, son minoría. Lo que se intenta es dar otro pasito más hacia la abolición de la tauromaquia, un arte, una forma de cultura -siendo tal, por poner un ejemplo, ya que como cultura hay que entender la cría de una especie única- sin la cuál, y paradójicamente, desaparecería de la faz de la tierra, entre otras muchas cosas, ese animal al que dicen defender. Y con él se llevarían por delante un ecosistema único, la dehesa, en la que viven y habitan mies de especies condenadas a la desaparición si se suprime al toro y su hábitat.

Pero eso les interesa poco. Ellos buscan, además de protagonismo, subvención y postureo, dar otra puñalada a una de las señas de identidad de España, ente que en realidad les repugna y que tratan de hacer desaparecer.

Por ese camino transitan desde hace tiempo políticos y prebostes catalanes, empeñados en una independencia que sería, sobre todo para ellos, un auténtico desastre y cuyo anhelo ha sido hasta ahora más tapadera de sus chanchullos y delitos que afán verdadero. Sin embargo, ese odio enfermizo que se ha ido inoculando en el catalán de a pie a base de una educación sectaria y, evidentemente, falsa y manipuladora, lleva a la comisión de un disparate tras otro.

Y de disparate hay que tildar a la proposición de ley que defiende el diputado de Izquierda Republicana Alfred Bosch -en cuyo nombre parece que falte una letra "o" y sobre una "s"-, que quiere suprimir no sólo cualquier tipo de ayuda pública a los festejos taurinos -como si la organización de los mismos fuese cosa del Estado o de la Administración-, sino que quiere que la Real Academia de la Lengua - ¿pero no se dicen al margen de las instituciones españolas?- revise y elimine las expresiones de origen taurino que son de uso común en nuestra lengua y que, según él, suponen desprecio y maltrato a los animales, representados en este caso, claro, por el pobrecito toro, queriendo, además, que, en lo que considera su país, esto es Cataluña, estas frases y locuciones se prohíban y se castigue su empleo.

Pero qué se puede esperar de quienes tienen por héroe a un terrorista y gritan que España les roba mientras protegen a una especie de gnomo malencarado, huraño, colérico y airado que se ha enriquecido a su costa desde hace, por lo menos, más de treinta años...

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