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Paco Delgado - 31/12/2015

Pese a que un cierto sector de nuestros nuevos gobernantes andan haciendo lo imposible -y el ridículo- por borrar más de 20 siglos de tradición y cultura cristiana, el espíritu navideño sigue presente en nuestras vidas y costumbres y las buenas intenciones siguen siendo moneda corriente durante estas fechas. Y también los regalos.

Dos he recibido estos días que son muy especiales, al margen de comprobar un año más que tengo una familia y amigos en los que puedo confiar.

Por una parte me ha sido concedido el Premio Enrique Ponce que otorga el Club Allard de Madrid. Un premio que me enorgullece de lo más - siempre un reconocimiento es motivo de satisfacción- y por varios motivos: es el primero que recibo fuera de la Comunidad Valenciana, mi ámbito profesional, y eso conlleva un plus añadido de íntima vanidad, puesto que no es fácil, y en el mundo taurino y en el periodístico, por lo que sé, mucho menos, que se reconozcan los méritos de casi nadie; su prestigio, tanto por la calidad del jurado que lo concede -la presencia de gente como Javier Hurtado, Andrés Amorós, Ignacio Ruíz Quintano, Juan Lamarca, Juan Pablo Jiménez Pasquau, José Ramón Márquez o Antonio Chávarri, por no hacer larga la lista, acredita a cualquier premiado- como por la categoría del premio en sí y su palmarés; y, por último, el que lleve el nombre de Enrique Ponce, el torero más importante y destacado del último cuarto de siglo y ya instalado en el santoral taurino en uno de sus más elevados y principales altares. Un diestro con cuya carrera guardo - salvando las distancias, por supuesto- un paralelismo cronológico - cuando él toreó por primera vez vestido de luces, aquel mismo mes de agosto de 1986 yo inicié mi carrera periodística; en la feria de la Magdalena de 1988 Ponce debutaba con picadores y yo en la información taurina; en 1990 el torero tomaba la alternativa y un servidor entraba en Radio Nacional de España y, al cumplirse 25 años de esa efeméride, he podido contarlos en un libro y organizar una exposición que resume y explica esos cinco lustros de un torero irrepetible- y del que recibir un galardón con su nombre y de sus manos es, desde luego, todo un privilegio y una suerte que no acabo de asimilar todavía. Como lo es es el discurso que mi colega, compañero y amigo Javier Hurtado me brindó en el acto de entrega de este trofeo y al que desde aquí se lo vuelvo a agradecer.

Por otro lado me ha sido concedida la suerte de comprobar la repercusión que la concesión de este premio ha tenido en diversos medios de comunicación. Algo que tampoco suele ser ni habitual ni frecuente pero que en este caso sí ha sucedido y por ello quiero agradecer la deferencia a Paloma Moreno, que lo publicó en las páginas taurinas que dirige y coordina Patricia Navarro en La Razón, y que, además, ilustró la noticia con mi foto. Como también hizo Juan Carlos Mesa en este Burladero que ahora leen y que me brinda cada semana la oportunidad de dirigirme a ustedes. Vicente Sobrino -el gran Vicente Sobrino, una de las personas más íntegras y leales que conozco, al margen de ser un extraordinario profesional- lo recogió con profusión de halagos en Avance Taurino. Al igual que hicieron Enrique Amat en el diario Levante, José Luis Ramón en el semanario 6 Toros 6 -todo un referente en cuanto a cultura taurina-, el blog Del toro al infinito y José Luis Carabias en Clarín, el programa taurino por excelencia de la radio española.

A todos quiero dar mi más sinceras gracias y mostrar mi gratitud por estos dos magníficos regalos que me han endulzado no poco esta Navidad que algunos se quieren cargar.

 

 

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