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Anda revuelto el mundo taurino. Con razón, no en vano últimamente  pintan bastos y hay muchas dudas y no menos pegas. La política, que  como decía Groucho es el arte de crear problemas donde no los hay,  sigue tocando los costados a la tauromaquia.
Paco Delgado - 01/02/2018

Anda revuelto el mundo taurino. Con razón, no en vano últimamente  pintan bastos y hay muchas dudas y no menos pegas. La política, que  como decía Groucho es el arte de crear problemas donde no los hay,  sigue tocando los costados a la tauromaquia. Continuando con el  razonamiento del personaje que hizo célebre el actor Julius Marx, los  políticos son expertos en crear complicaciones, hacer un diagnóstico  falso y aplicar después los remedios equivocados. Y así ha ocurrido  con la redacción de los más recientes pliegos de condiciones para  sacar a concurso plazas de toros de titularidad o propiedad pública,  caso de Zaragoza o El Puerto de Santa María, para la que hasta  incorporan una cláusula en la que se avisa que no se admitirán  festejos en los que se denigre o atente contra la dignidad de la  mujer. Toma ya. ¿Se puede ser más imbécil? Yo creo que sí, pero mejor  no tentar al diablo... qué se puede esperar de un Ayuntamiento en el  que, en Navidad, en el belén municipal, se empeñaron en poner una  niña Jesusa...

Y ante todo esto, van los taurinos y se reúnen. Hace unos día fue. Se  reunieron en Madrid representantes de la Asociación Nacional de  Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET), Fundación del Toro de  Lidia (FTL), Unión Nacional de Picadores y Banderilleros Españoles  (UNPBE), Unión de Toreros (UT) y la Unión de Criadores de Toros de  Lidia (UCTL), para entre todos ver cómo, principalmente, adecuar los  pliegos de condiciones de arrendamiento de las plazas de toros de  titularidad pública. Y miembros de todas esas asociaciones  profesionales del mundo del toro acordaron trabajar juntos, codo a  codo, en busca de una adecuación de los pliegos de condiciones a la  realidad socio-económica actual, intentando optimizar -o, al menos,  tratar de que no sea tan gravoso- el arrendamiento de las plazas de  toros propiedad de Ayuntamientos o Diputaciones. Lo que está muy bien.

Y no faltan palmeros que, extasiados, anuncian que empresarios,  toreros, ganaderos, subalternos y la Fundación del Toro de Lidia se  comprometen a “abordar conjuntamente los problemas que afectan  externa e internamente a la Tauromaquia”.  Y que, al fin, ¡albricias!  ¡alabado sea el Santísimo! se ha producido la tan ansiada unión, la  mayor muestra de unidad del sector que jamás vieron los siglos...  cuando, se ha demostrado una y mil veces -a la sazón cada vez que  hubo un intento de ello- que en el mundo de los toros es imposible  este tipo  de planteamientos en común: el G10, el G5, el Plan  Pentauro, etc. etc. son buenos ejemplos. ¿Cuánto duraría una entente  así al plantearse una adecuación de honorarios o una revisión del  modelo de prestación a la Seguridad Social? ¿Quién aguantaría aliado  al decretarse que para dar viabilidad a las novilladas habría que  limitar costes y eso empieza por reducir la composición de las  cuadrillas? ¿Se acataría lo establecido por una imaginaria y efectiva  Federación Taurina Española? Si no fuera por que, ahora mismo, eso es  impensable, esa alianza duraría menos que mi nómina. También hay que hacer autocrítica y corregir errores que pesan no poco a la hora de  dinamizar el negocio taurino.

Y no les faltan motivos para clamar contra ese maltrato que muchas  Administraciones llevan a cabo, buscando, de manera soterrada o  directamente, atacar a la tauromaquia. Pero, insisto, habría que  empezar la casa por los cimientos y esos cimientos sólo aguantarán un  edificio sólido y resistente si se produce esa tan ansiada como  quimérica unión -tan quimérica como que hasta hubo que ir a juicio  para conseguir que los derechos de televisión de los banderilleros se  pagasen no sólo a los afiliados a una de las asociaciones  profesionales que agrupan a los toreros de plata...- y se trabajase  con seriedad y rigor y no cada uno arrimando el ascua a su respectiva  sardina.

Vuelvo a Groucho, personaje tan extraordinario y maravilloso que,  desgraciadamente, nada tuvo que ver con su soporte humano y real. Lo  malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando  se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han  casado. Y que cuando el dinero se acaba, el amor huye por la ventana.

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