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"Es cierto que la lectura es la mejor medicina que existe, ya que  además de curar muchos males previene y es magnífico antídoto contra  la peor enfermedad conocida: la ignorancia"
Paco Delgado - 14/09/2017

Es cierto que la lectura es la mejor medicina que existe, ya que  además de curar muchos males previene y es magnífico antídoto contra  la peor enfermedad conocida: la ignorancia. Por eso sabemos que era  cierto lo que escribió Azorín. Albacete siempre.

Y se demuestra un año más, cuando llega septiembre. Su plaza, y su  feria, sitúan a esta ciudad en el epicentro del mundo taurino y sus  calles y los tendidos de su plaza se llenan hasta la bandera a lo  largo de los diez días que duran sus fiestas, algo que en pocos  sitios se ve.

Y si cada año es importante y lo que sucede en esta plaza tiene  repercusión y trascendencia, este año todavía más, primero porque la  muerte de Dámaso González, santo y seña no sólo del toreo por estos  lares, sigue poniendo el foco en la ciudad en que nació este torero,  recordado a diario por los actuantes en la feria -el día 11, sin ir  más lejos, el entrañable y querido Pimpi, tantos años a sus órdenes,  colocaba unas rosas blancas en el centro del ruedo para recordar que  ese día hubiese cumplido el diestro setenta años. Rosas que, por  cierto, al final de la corrida, y pese al tráfago y trajín del  festejo, permanecieron incólumes después de las dos horas largas que  duró la función..-. Y segundo, por que en 2017 se celebra el  centenario de su plaza de toros -calificada por José María de Cossío  como “una de las más excelentes de España”-, inaugurada el 9 de  septiembre de 1917, en una tarde ventosa que perjudicó el espectáculo.

Se montó aquel año una feria taurina de categoría y para la ocasión  trascendental, para el acontecimiento del estreno del coso, se dio  una corrida de toros de Fernando Villalón, el ganadero poeta que  quería criar toros con ojos verdes, para los diestros Rodolfo Gaona,  Gallito y Saleri II. El primer toro que saltó al nuevo ruedo se llamó  “Vengativo”, negro zaino y marcado con el número 26 y las dos  primeras orejas que se cortaron en esta nueva plaza fueron para José  Gómez Ortega, que vistió aquella tarde de verde y oro. Fueron del  toro “Bordador”, astado ya que forma parte de la historia.

Pablo Lozano, uno de los integrantes de la empresa gestora de este  coso ya centenario, considera que la ocasión, tan especial, merecía  un esfuerzo adicional para confeccionar una feria acorde con esta  celebración: “Es este año especial, se conmemora la construcción de  esta magnífica plaza de toros, obra y gracia del empeño, que hace  justamente cien años, un numeroso grupo de buenos aficionados fue  capaz de llevar a cabo. Los miembros de esta empresa deseamos que  nuestros abonados y todos los demás aficionados y espectadores en  general disfruten y se emocionen, y después, quizá, al pasar de los  años, recuerden con agrado el hecho de haber estado presentes, junto  al resto de la afición, en esta feria que conmemora, esperamos que  cumplidamente, los cien años de este maravilloso edificio que en este  2017 es todavía capaz de emocionarnos a todos”.

La historia taurina de Albacete se remonta a 1564, año en el que,  según el acta del Cabildo de la ciudad, fechado el 29 de mayo, se  acordaría la celebración de fiestas de toros en la plaza del Altozano  el 24 de junio. La primera plaza de toros de obra que se construyó en  esta ciudad data de finales del siglo XVIII y estuvo situada en el  paseo de la Feria. Popularmente fue conocida como la plaza de Caulín,  en recuerdo del que fuera su primer empresario. Posterior a ésta se  construyó una nueva, inaugurada el 9 de septiembre de 1829 por los  diestros Juan Jiménez “El Morenillo” y Manuel Lucas Blanco. Los toros  pertenecieron a la divisa de Fernando Freire y Gil Flores. Dicha  plaza era circular, midiendo el redondel 34 metros de diámetro, y  constando con dos plantas. Mientras que la primera era destinada al  tendido, con bastantes filas de asientos, la segunda lo era a gradas  y palcos. Los materiales empleados en su construcción fueron piedra,  tierra y ladrillo. En una época en la que Albacete contaba con poco  más de 17.000 habitantes, la plaza de toros estaba concebida para  poder albergar a 7.400 personas y por su ruedo pasaron las  principales figuras de la época...  ¡Albacete siempre!

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