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Paco Delgado - 06/07/2017

Hacía mucho tiempo que no se veía una feria de Hogueras tan completa y brillante cono la vivida hace unos días. Triunfales sí, con muchas salidas a hombros, con muchas orejas cortadas y tal, casi siempre. Pero la de este año ha sido, ya digo, de un nivel superior. Tanto en toros y toreros. Y de estos - y los ha habido de notable para arriba- el más destacado ha sido Manzanares, a quien, antes de comenzar la corrida del día de San Juan, el alcalde de la ciudad y el Club Taurino local entregaron el trofeo que le acredita como triunfador de la feria del pasado año y que lleva el nombre de su señor padre, y que correspondió al detalle recibiendo con dos larga de rodillas a su primero, al que obvió el castigo en varas. Como varios de sus compañeros en este serial, brindó a Francisco José Palazón, torero paisano que anda peleando contra el cáncer y, con la plaza volcada, toreó con temple y ligazón, sin enmendarse y en un palmo de terreno, enroscándose al toro en circules interminables. Todo ello sobre la mano diestra, ya que al natural sólo dejó una serie y con cierta velocidad. Se empeñó luego en matar recibiendo y, con un toro ya para entonces aplomado, le costó acabar su turno y perdió una oreja en el intento. La función explotó con la lidia del quinto, con el que ya se hizo aplaudir con las chicuelas con que puso en suerte, enganchando al toro ya en el primer muletas, mientras un espontáneo le cantaba desde el tendido. Todo enfilaba para el apoteosis. Manzanares toreaba primorosamente al natural, fluyendo los muletazos limpios, interminables, con regusto, haciendo un alarde de temple, elegancia y estética. Y lo mismo sucedió cuando se echó la muleta a la diestra. Pletórico el torero de Santa Faz, que tumbó patas arriba al astado de una formidable estocada. Hogueras se escribe, también este año, con M de Manzanares.

También ese mismo día salió a hombros López Simón, que se lució al veroniquear al astifino y engatillado tercero, al que dio mucha distancia, lo que no le vino bien al morlaco, escaso y justo de energía y que se iba al suelo a la más mínima exigencia. Al natural recortó el madrileño el espacio entre ambos y el animal lo agradeció. Pudo así dejar muletazos más largos y limpios antes del arrimón final con el que acabó metiéndose al púbico en el bolsillo y la oreja en el esportón. Y con la gente ya encantada y la tarde encarrilada, disfrutó toreando al que cerró plaza. Muy firme y dispuesto, muleteó con quietud, templanza y mando, siempre con la mano muy baja y haciendo demostración de valor y recursos, mostrándose, además, contundente con el estoque.
Y aunque Enrique Ponce sólo paseó una oreja dejó dos faenas de maestro, sacando todo lo que tuvo su blando primero y exprimiendo al cuarto en otra clase magistral de toreo que no tuvo refrendo con el estoque.

El Juli fue el gran protagonista y el gran triunfador del festejo del viernes 23. Lo hizo además en una doble faceta, como matador y como ganadero, puesto que los toros lidiados ese día fueron de su ganadería, El Freixo, que debutaba en Alicante. Lo hizo con muy bien pie, puesto que el encierro lidiado, también de excelente presentación, dio un gran juego, pidiéndose incluso tímidadamente el indulto para el quinto, premiado muy justamente con la vuelta al ruedo.
El Juli volvió a evidenciar su gran dimensión y su enorme capacidad para sacar todo lo que tuvo su lote en dos faenas de mucho fondo, saliendo al final a hombros con tres orejas. Una obtuvo Paco Ureña, que perdió la puerta grande al matar mal al sexto tras un trasteo valiente y entregado y otra paseó Paquirri, que sustituyó al herido Roca Rey y que anduvo despegado y efectista.

El Fandi, fiel a su estilo y a sí mismo, y un elegante y sobrado Talavante salieron a hombros el día 22, tras lidiar un desigual encierro de Núñez del Cuvillo, muy justo de presencia pero de buen juego en conjunto, siendo premiado con la vuelta al ruedo el bravo toro que abrió plaza. Cayetano estuvo a gusto con su primero y perdió la puerta grande al pinchar al sexto.

El abono arrancó con una corrida de Adolfo Martín, desigual pero seria y con tres toros de gran juego, aprovechando sus lotes un maduro y solvente Juan Bautista y un entusiasta Manuel Escribano, que volvìa a esta plaza tras la muy grave cogida sufrida en la misma en la feria del año pasado y ante otro toro de Adolfo Martín.
Rafaelillo pechó con los dos toros más complicados y derrochó valor y ganas en una lidia a la antigua usanza.

Antes, a modo de aperitivo, hubo dos clases prácticas para novilleros sin picadores. Hubo muy buen ambiente, con más de 5.000 personas en los tendidos cada tarde para presenciar la lidia de erales de Jandilla, el lunes 19, y de El Parralejo, el martes 20. Tantos los novillos de uno y otro hierro dieron mucho juego a los alumnos las escuelas taurinas de Alicante, Murcia, Madrid, Valencia, Guadalajara y Albacete, cuyos representantes dieron motivos para la esperanza y dejaron claro que hay futuro… si nuestra clase política no decide lo contrario…

Feria, pues, para recordar, la más destacada de los últimos años, con toros que han embestido a diario, puerta grande todas las tardes y faenas de calado también en cada festejo. Sólo faltó más público para que la fiesta hubiese sido de verdad redonda.

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