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Paco Delgado - 06/10/2016

Aunque es fácil decirlo, no lo es tanto, a veces, cumplirlo. Cierto es que la segunda de las tres virtudes teologales que cataloga el cristianismo -que junto a la prudencia, justicia, templanza y fortaleza describen la imagen del hombre, ojo-  es un estado de ánimo optimista basado en la expectativa de resultados favorables relacionados a eventos o circunstancias y que, como dice el refrán, es lo último que se pierde. Pero hay momentos en que es más difícil hacerlo que expresarlo.

Acaba de finalizar la Feria de las Novilladas de Algemesí, la más antigua de cuantas se organizan con el escalafón novilleril como base, una de cuyas principales características es servir a los diestros que en ella actúan ganado de las máximas garantías. Reses de las ganaderías más en forma y de prestigio y  de entre sus camadas, lo más selecto. Y así fue también en la edición de este año, en la que se ha podido comprobar el acierto de los miembros de la Comisión organizadora del serial encargados de su selección y compra.

Por el peculiar palenque trapezoidal algemesinense han pasado utreros de Torrestrella, Cebada Gago, Rehuelga, Alcurrucén, Domingo Hernández y Cuadri y erales de Daniel Ruiz y daniel ramos, el ganadero castellonense que, junto a Pedro Jovaní, tanto está luchando por que la Comunidad valenciana tenga un hierro propio en las ferias. 

Novillos de excelente presentación en conjunto, con su seriedad, cuajo y remate y, también en general, de juego más que notable, y si al final se eligió al encierro de Domingo Hernández como el mejor del serial, también lo pudo ser el enviado por los hermanos Lozano o el de Cebado Gago, por ejemplo. Todos fueron de nota pero sólo se puede conceder un premio…

Lo que, sin embargo, desazona un tanto es que a la vista del material del que se dispuso, los, en teoría, novilleros más destacados de la presente campaña, los, en principio, llamados a ser relevo de las actuales figuras, dieran una imagen bastante discreta y, en algún caso que no hace falta señalar -al menos aquí-, decepcionante y descorazonador. Y en este aparte entran también casi todos los novilleros sin caballos que tomaron parte en el concurso Naranja de Plata, dejando ver no ya una alarmante falta de valor y disposición sino de preparación.

Diego Carretero no solo fue de los pocos que se escaparon de la quema, sino que fue el gran triunfador de la feria, en la que el torero de Hellín firmó una actuación solvente, segura y capaz que le permitió salir a hombros. Algo que no pudo hacer por sus fallos con la espada Alejandro Marcos, cuyas maneras también gustaron. El resto pasó como de puntillas y sin muchas ganas, como si les viniera grande la plaza o el ambiente... pero hay que recordar que en esta misma plaza, y con este mismo ambiente, triunfaron, y a lo grande, novilleros como Enrique Ponce, Jesulín, Julio Aparicio, Finito y un largo etcétera en el que entran todos los que han sido y son gente en esto.

También hay que tener en cuenta que, de unos años a esta parte ha disminuido considerablemente el número de novilladas que se celebran, con la consiguiente merma de rodaje y aprendizaje y que, como en todo en la vida, en el toreo hay un proceso de selección natural y ya de la pasada campaña ascendió un buen pelotón, con gente tan especial como José Garrido, Roca Rey, Posada de Maravillas, Ginés Marín, Álvaro Lorenzo o, hace unos días, Luis David Adame... El mercado debe hacer su selección y habrá que esperar un tiempo para que esta hornada se asiente y madure y, entonces, surja otra nueva promoción de gente joven y preparada que ilusione y nos devuelva la esperanza y la ilusión.

 

 

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