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Paco Delgado - 19/11/2015

Anda estos días todo el mundo -el occidental- convulso y conmocionado por los atentados que de nuevo han tenido a París como escenario. Y anda todo el mundo -en España- poniendo banderitas francesas y velas en sus muros de facebook, en sus cuentas de twiter o en las solapas de sus chaquetas, intentando convencernos de que todos somos París.

Pero no. No somos París como tampoco en su día fuimos Charlie. Somos España, y esto, mal que nos pese, es bastante diferente al país vecino. Basta con ver las imágenes de los parisinos que abandonan el estadio donde acaba de tener lugar una de las explosiones perpetradas por fanáticos islamistas para darse cuenta de que no somos París, ni Francia, ni nada que se les parezca. Esos ciudadanos salían de Saint Denis, conocedores ya de la tragedia, cantando La Marsellesa, el himno nacional francés. Todos juntos, todos abrazados y unidos en un mismo dolor y en una misma conciencia nacional. ¿Cómo vamos a ser París, si aquí abucheamos nuestro himno, si tachamos de fachas a quien lo respeta y la mitad de los españoles odiamos a la otra mitad porque no piensan igual? ¿Cómo vamos a ser París, si, nada más conocerse la noticia de las matanzas terroristas, en vez de buscar juntos medidas que nos protejan de esos ataques echamos la culpa a uno de los nuestros? ¿Cómo vamos a ser París, si buscamos excusas para no condenar esos atentados? ¿Cómo vamos a ser París, si hay partidos políticos que poco menos que consideran que Francia merece lo sucedido por ser un país colonialista? ¿Como vamos a ser París, si la mitad de la prensa hace responsable de lo sucedido a quienes nos gobernaban hace once años y la otra mitad llama imbécil a quien les sucedió y se gastó una millonada en promover una alianza de civilizaciones que sólo sirve para facilitar el acceso a esos terroristas que nos cortarán el gaznate?

No, no somos París y para comprobarlo sólo basta recordar lo sucedido aquí el 11-M en la estación de Atocha, cuando aquella salvajada que costó más de doscientos muertos inocentes se utilizó contra el gobierno. En Francia ahora se ha suspendido toda actividad política y parlamentaria. Aquí y entonces, en vísperas de unas elecciones generales, se manipuló el atentado para sacar provecho político. Lean a Ignacio Camacho en ABC, que lo explica mucho mejor que yo, dónde va a parar.

Cómo vamos a ser París si, bajando ahora al terreno taurino, en cuanto se tiene la más mínima ocasión, se trata de fastidiar al prójimo y se prohíben las corridas de toros por el sólo hecho de creer que son espectáculos heredados del franquismo, que representan a una España que ellos odian y que los aficionados son enemigos potenciales. Cómo vamos a ser París si, cuando no se puede prohibir directa y llanamente se trajina todo lo que se puede para hacer la vida imposible a quien vive y gusta de este espectáculo. Cómo vamos a ser París si renegamos de nuestros orígenes y cultura. Cómo vamos a ser París si nadie hace nada para proteger y velar por una de nuestras más arraigadas tradiciones.

Francia no se ha quedado cruzada de brazos y ya respondido con contundencia, como también hizo con los ataques antitaurinos. Aquí todo el mundo habla de prudencia y de andar con pies de plomo, de dialogar y negociar, como pasa con el negocio taurino. No se hace nada. Ni para impedir que finalmente los antitaurinos y los partidos que les jalean acaben con la fiesta ni, los taurinos, decidan ponerse manos a la obra y crear un frente común que defienda, proteja, potencie, promocione y fortalezca una actividad que nos representa en el mundo entero y que, al margen de otras muchas consideraciones de tipo cultural, económico o social, define nuestra esencia y personalidad.

¿París? Vamos, anda.

 

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