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Paco Delgado - 16/04/2015

El pasado día 5 de abril, Domingo de Resurrección, fallecía en Valencia, a los 74 años de edad, José Manuel Capilla Capilla, el último representante de una de las familias más destacadas que ha dado la tauromaquia valenciana, prolífica cantera de grandes toreros de plata -baste recordar a los Alpargatero, Blanquet, Alfredo David, Niño Mateo, Salerito, Guillén, Oltra, Moncada, Honrubia, Montolíu, etcétera, hasta los mucho más modernos Domingo Navarro, Luis Blázquez, Juan Rivera, Oliver y tantos y tantos que siguen dando lustre a la categoría- y que con los Capilla tuvo a tres de sus más reputados exponentes.

Esta dinastía comienza con Eliseo Capilla Ivars, quien, en 1924, comenzó a tomar parte en capeas y festejos menores en plazas valencianas, presentándose ya con picadores en Madrid en 1932, matando un encierro de Pedrajas junto a José Neila y Atarfeño. Pese a sus buenas maneras, sus actuaciones disminuyen hasta cumplir sólo un contrato en 1935, por lo que en la campaña siguiente decidió cambiar el bordado de sus trajes y pasarse a las filas de los subalternos, donde sí consiguió ser tenido como una de sus figuras a lo largo de más de treinta años, yendo durante mucho tiempo en las cuadrillas de, entre otros, Agapito García “Serranito” y Julián García, a cuyas órdenes actuó el 29 de septiembre de 1968 en Algemesí, tarde en la que al final del festejo sus hijos le cortaron la coleta. Hombre de una gran afición inculcó pronto esta a sus hijos, que decidieron seguir sus pasos, siendo el que más notoriedad alcanzaría el mayor de ellos, también de nombre Eliseo y que tras una breve etapa como becerrista enseguida comenzó a vestir de plata, empezando muy joven a hacer el paseíllo detrás de los matadores.

Siguiendo las indicaciones de su padre, con el que se machacaba en la plaza en duras jornadas de entrenamiento casi espartano, se consolidó como un subalterno reconocido y de un gran merecido prestigio, toreando con diestros como Ricardo de Fabra, Serranito, El Caracol, Julián García y Santiago López entre otros. Muy eficaz con el capote, con banderillas patentó un estilo que le hizo único, colocándose my lejos del toro, al que daba mucho espacio y al que iba andando con parsimonia y no poca torería para, dejando llegar mucho a los astados, clavar muy reunido y en todo lo alto, en pares de una gran espectacularidad y no poco riesgo. En 1980 pasó a formar parte de la famosa cuadrilla del arte que organizó el matador de toros Pascual Mezquita, integrada además de él por los picadores Alfonso y Raimundo Rodríguez, y los banderilleros Curro Álvarez y el también valenciano Paco Honrubia, recorriendo buena parte de la geografía taurina y cosechando grandes triunfos y excelentes crónicas.

De él escribió esto, por ejemplo, Joaquín Vidal a raíz de una actuación suya en Las Ventas en 1978: “Eliseo Capilla: ¡descubrirse! Vaya peón, vaya torero. Siempre perfectamente colocado, justo y pulcro en la brega, en ese sexto toro dio un tercio de banderillas memorable. El primer par fue bueno pero en el segundo se superó y puso la plaza boca abajo Mira cómo: el toro entre las rayas, él también. Andaba despacio, relajado (y pinturero) las manos apoyadas un poco más abajo de la cadera, los palos hacia atrás. No provocó la arrancada que es lo usual. Paso a paso acortaba distancias, que llegaron a ser muy comprometidas. Hasta que el toro se arrancó con fuerza y peligro. Fue inmediatamente después cuando Capilla corrió hacia los medios, de poder a poder, y ganando limpiamente la cara a la fiera, cuadró ante ella, clavó arriba y salió de la suerte andando”. Al poco tiempo de retirarse falleció el 25 de marzo 1990.

Tampoco su hermano pequeño José Manuel ambicionó ser matador y bien pronto, también aleccionado por su padre, comenzó a torear como subalterno, yendo casi siempre colocado como tercero y a las órdenes de diestros como Pepe Osuna, Abelardo Vergara, Adolfo Ávila “El Paquiro”, El Tino, Pacorro y, posteriormente, con la práctica totalidad de novilleros y matadores valencianos de los últimos años, como Manolo Montolíu, Víctor Manuel Blázquez o El Soro. Toreando con Santiago López en Benidorm, en 1972, un toro de Manuel San Román le cogió de mala manera, sufriendo una cornada en el triángulo de Scarpa izquierdo y otra en la axila del mismo lado, ambas muy graves. Tras cortarse la coleta pasó a ser asesor de los presidentes de las plazas de la provincia de valencia, cargo que desempeñaba hasta que un cáncer de colon que se le fue complicando y, derivando en otor de pulmón, acabó con su vida hace unos días.

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