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"La verdad es que tenemos lo que nos merecemos y nos merecenos lo que  tenemos"
Paco Delgado - 18/01/2018

La verdad es que tenemos lo que nos merecemos y nos merecenos lo que  tenemos. Cuando asistimos -no atónitos, porque ya hace tiempo que se  están destapando ollas muy podridas y nuestra capacidad  de sorpresa  mengua- a un vergonzoso espectáculo -otro más...- en el que se pone  de manifiesto la catadura moral de buena parte de nuestra clase  política (la desesperada intentona secesionista en Cataluña, el caso  Palau, el caso Gurtell, el caso de los ERES de Andalucía, el  despilfarro municipal de Madrid...) llega una noticia que supone,  albricias, el fin de todos nuestros males y desdichas: el Congreso  otorga por ley a los animales el estatus jurídico de seres vivos  dotados de sensibilidad.

Pues si para demostrar que los animales son seres vivos necesitamos  un congreso que acoge a trescientos cincuenta diputados -con sus  correspondientes sueldos mensuales, dietas, extraordinarias y  jubilaciones- es que o bien somos idiotas -lo cuál me parece que está  cada vez más claro- o bien somos una país que nada en la abundancia,  no tiene problemas de paro, ni de educación, ni de sanidad, ni hay  delincuencia en nuestras calles, el tráfico es fluido y placentero,  nuestros partidos políticos son entes en los que se enseña la  honradez y el trabajo como normas básicas de vida, etcétera,  etcétera. Echo mano de los medios de comunicación y me doy cuenta de  que nuestra tasa de paro ronda el 20 por ciento, uno de cada cinco  españoles vive en el umbral de la pobreza, miles de niños asisten a  clase en barracones, otros miles de enfermos se hacinan en  hospitales, hay que esperar no sé cuantas horas para que nos atiendan  en urgencias, conducir en casi cualquiera de nuestras ciudades es un  infierno y nuestra grey política anda de juzgado en juzgado y más de  uno huido en el extranjero. Pues mira que va a ser lo primero...

La consideración jurídica de seres vivos con capacidad de sentir  vincula también a los dueños a la hora de respetar la condición de  ser vivo sujeto de derechos en la relación que mantienen con los  animales, por lo que habrá que ver cómo los animalistas y los  activistas antitaurinos utilizan esta medida para seguir dando la  murga con su anhelo abolicionista, ya que con esa medida, se deberá  atender siempre el bienestar animal, evitando situaciones de  maltrato, abandono o la provocación de una muerte cruel e  innecesaria. Imaginen lo que puede dar de sí esta adjetivación en  manos de los prohibicionistas.

Estamos ya con enero bien mediado y la temporada taurina anda a la  vuelta de la esquina. Ha pasado el invierno y de nuestra clase  dirigente taurina, como era de esperar, nadie ha movido un dedo, ni  siquiera del pie, para tratar de lograr, al menos, un frente común y  hacer ver a nuestros representantes en el gobierno de la nación que  lo de los toros es, al margen de una tradición cultural arraigada en  lo más profundo de nuestra personalidad, es un espectáculo legalmente  autorizado y patrimonio popular que hay que no sólo defender, sino  potenciar, divulgar y difundir.

Y en estas estamos cuando en la Comunidad Valenciana, donde el año  pasado se dieron casi diez mil festejos populares, se está haciendo  lo imposible para ir poniendo trabas a esta manifestación tan del  gusto de la gente y cuando la Federación de Peñas, la Unión Taurina,  Asociación de Ganaderos y demás, que éstos sí se mueven y defienden  lo suyo, se reúnen con la correspondiente Comisión Consultiva para  tratar de que se eliminen esos palos en las ruedas, el representante  del PSPV, el ala más moderada, ojo, del tripartito que gobierna la  Comunidad, sale con que hay que “consensuar junto a los Grupos  Parlamentarios una moratoria para estudiar a fondo el tema”. Es  decir, echar balones fuera y esperar que acabe el partido. O el PP  que pide que para que se den festejos populares haya un segundo  médico y que lo pague la Diputación.

¿Querrán así tener también la consideración de seres vivos? porque  hasta ahora, y aunque hay excepciones, más parecen minerales. Ni  siquiera vegetales, que estos al menos cumplen la función clorofílica.

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