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Paco Delgado - 02/02/2017

Se han cumplido, el pasado día 29 de enero, 150 años del nacimiento de Vicente Blasco Ibáñez, "un hombre lleno de gloria", como definió Josep Pla a este escritor, político, agitador cultural, periodista y aventurero valenciano que, entre otras muchas cosas, dejó para la posteridad la que se tiene como mejor novela de tema taurino de todos los tiempos.

Sangre y arena (que se publicó en 1908) es probablemente también su obra más famosa, traducida en la época ya a varias lenguas y debe ser considerada como una de las piezas de indispensable lectura entre la literatura taurina.

El historiador José Aledón, que ha estudiado a fondo su figura y su relación con la fiesta nacional, explica que esta obra -de la que la Diputación de Valencia hizo una reedición hace unos años, ilustrada ahora por Eduardo Arroyo- "abre la puerta grande de un simbólico e hispánico coso taurino a millones de lectores de los cinco continentes, conduciéndolos, como guía experto, por el taurino laberinto, continuando además, con sobrados méritos, la labor iniciada por Merimée y Gautier y propiciando con su magistral obra la posterior aparición por esa simbólica puerta de cuadrillas de figuras de la talla de Hemingway y Bataille".

Blasco Ibáñez, al margen de evidenciar su extraordinaria capacidad para describir la vida de la época, dejando una crónica detallada de las costumbres y vida de aquel tiempo, utiliza al toreo para manifestar emociones universales -más encontradas que nunca en nuestra tierra y en la propia fiesta de los toros- como el miedo, la pasión, los celos, el valor…

La adaptación cinematográfica que hizo de ella en 1941 Rouben Mamoulian, con Rita Hayworth en el papel de doña Sol y Tyron Power en el de Gallardo, le concedieron fama eterna, siendo menos conocido que la primera versión cinematográfica de la novela la hizo el mismo Blasco Ibáñez (en colaboración con el director francés Max André) y que en 1917 tuvo su réplica francesa, distribuyéndose ya en el mundo entero. Y fue por aquella tan fenomenal distribución el que se pudiese recuperar esta obra de Blasco Ibáñez, gracias a una copia... ¡checa! Esta copia, con rótulos en checo, propiedad del Národni Filmovy Archiv de Praga, se restauró y se completó en 1998 en la Filmoteca de la Generalitat Valenciana con fragmentos de la copia en castellano cedida por doña Dolores Nebot Sanchis en 1993.

Siendo la tauromaquia un asunto de primera magnitud en la vida española de aquellos años, no es de extrañar que Blasco Ibáñez estuviera bien informado sobre el particular, amén de la amistad que mantenía con gente como Mariano Benlliure, el crítico taurino Arrimón o, incluso, con el diestro Luis Mazzantini. Hasta cuenta Aledón que, según unas notas inéditas de su hija Libertad, su padre era hermano de leche de un torero apodado !Gallardo¡, bastantes años mayor que él. Aunque su hija no menciona la identidad del tal Gallardo, para el historiador valenciano no puede ser otro que Luis Jordán, nacido en Valencia en 1855, novillero de postín, que, sin embargo, no llegaría a tomar la alternativa. Era un consumado banderillero, luego gran amigo y peón de confianza de Fabrilo. De quien, por cierto, también se dice que fue el modelo que copió el escritor para dibujar a su personaje Juan Gallardo en Sangre y arena.

Como él mismo dijo en un homenaje a Zola, nació en un tiempo en que era preciso defender la libertad y la verdad, y las defendió ofreciendo bienestar, fama y vida. Desde luego, Pla -uno de los catalanes más sensatos y brillantes de los que se guarda memoria- tuvo también buen ojo al definirle como un hombre lleno de gloria.

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