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Paco Delgado - 17/03/2016

Valencia dijo sí. Sí a los toros. Sí a la libertad para acudir a este espectáculo sin que nadie te insulte ni amenace. Sí a que, quien tenga el valor suficiente, se dedique a torear. Sí al toro bravo. Sí al toro en la plaza. Sí al toro en la calle. Sí al respeto. Sí a la convivencia... Valencia fue un ejemplo de y para muchas cosas.

Ante los constantes ataques en contra de la fiesta taurina, un espectáculo reconocido en España como cultura, los aficionados y profesionales del sector decidieron responder con una jornada de reivindicación que incluyó una marcha por calles del centro de Valencia. La cita, el 13 de marzo, coincidió además con un evento tan importante y multitudinario como la feria de Fallas, y fue una ventana abierta a la libertad y al derecho que los profesionales tienen a trabajar en una actividad constituida legalmente en nuestro país, y a los aficionados a acudir libremente a disfrutar de un espectáculo taurino. Todos los medios de comunicación -televisiones, radios, periódicos, portales de internet...- se hicieron eco del evento y le dieron mucho espacio. El que merecía, sin duda.

La jornada de reivindicación taurina que se vivió el domingo fue todo un éxito. Unas cuarenta mil personas, según estimación de la organización, recorrieron varias calles de la ciudad, demostrando la fuerza que tiene la fiesta de los toros y exigiendo respeto para este espectáculo y libertad para su ejercicio y disfrute. Esta jornada comenzó -aunque en realidad lo hizo mucho antes, casi tres meses antes, cuando Vicente Nogueroles, presidente de la Unión Taurina de la Comunidad Valenciana, convocó a un grupo de trabajo compuesto por aficionados, periodistas, gente de los bous al carrer y profesionales del toreo, para montar este acto que debe servir de punto de inflexión para reconocer lo que nunca debió de olvidarse: los toros son parte de nuestra tradición y cultura- por la mañana, con un festejo de recortes, el XXI Concurso Nacional de Recortadores, antes de cuyo inicio, y en el centro del ruedo, los tres matadores anunciados para la corrida de la tarde, Rafaelillo, Manuel Escribano y Paco Ureña se turnaron en la lectura de un manifiesto que explicaba los valores de la tauromaquia.

Casi sin tiempo para comer, la comitiva, dividida en grupos encabezados por sendas pancartas, comenzó el recorrido de la manifestación por la calle San Vicente, donde a los lados se agolpaba mucha gente que vitoreaba a los toreros y jaleaba consignas a favor de la fiesta. Allí había un montón de figuras del toreo, ganaderos, empresarios, apoderados, banderilleros, picadores, mozos de espada, periodistas... y, por supuesto, aficionados, miles de aficionados, valencianos y llegados de todas partes de España y del mundo, unidos por ese sentido de hermanamiento al que conduce tanto agravio.

Por la calle de la Sangre -y acortando el recorrido previsto, dado que ya se había comenzado a plantar la falla municipal y hacía difícil y engorroso el dar un gran rodeo que la salvase- se entró en la plaza del Ayuntamiento, ante cuyo balcón se lanzaron gritos contra el alcalde, antitaurino declarado, y fue curioso ver como en ese momento una empleada de la limpieza barría ese balcón. Sin incidente alguno, con un civismo digno de elogio, se continuó por Marqués de Sotelo y, cruzando la calle Játiva, hasta llegar otra vez a la plaza de toros, donde, desde uno de sus arcos, y cuando todavía miles de manifestantes seguían avanzando varios cientos de metros atrás, Enrique Ponce leyó un manifiesto que enardeció a los muchísimos aficionados que asistían a esta lectura desde la explanada que recorre el coso de Monleón: "Que se entere quien debe enterarse, ¡que se entere el mundo!" y una cerrada ovación retumbó como una mascletá.

A lo largo de los casi siete minutos que duró esta lectura varias fueron las veces que Ponce fue interrumpido por los aplausos de los oyentes y los gritos de ¡Libertad! ¡Libertad! y otras tantas las que que Vicente Ruiz "El Soro", situado al lado de Ponce, le jaleó y animó a voz en grito, cerrando el de Chiva su discurso con una recomendación: "Hemos reclamado lo nuestro con argumentos, en una exhibición de cordura, con el peso de nuestras sentimientos, con la contundencia de nuestras cifras. Y una recomendación, no nos nieguen sin conocernos. Gracias. ¡Viva el toreo!. ¡Por nuestra cultura, por nuestras raíces y por nuestra libertad!". Poco a poco la gente se fue dispersando mientras otros ocupaban sus asientos en los tendidos para presenciar el tercer festejo del abono de fallas, un espectáculo en el que seguían sonando los ecos de una manifestación histórica.

Valencia había dicho sí. Que no se pierda ese grito en el olvido

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