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Paco March - 21/03/2015

Hay días en los que ni abiertas las ventanas o paseando por las calles de mi ciudad azotada por el temporal de levante puedo evitar la sensación de asfixia.

Me falta el imprescindible aire de libertad mientras, alrededor, soplan huracanes de intolerancia, vendavales de manipulación, tormentas de cinismo... Uno abre el periódico, mira la tele, oye la radio, se conecta a internet, y se jura así mismo no volver a hacerlo. Pero reincide, claro, animales de costumbres como somos.

Sirva lo antedicho para todo, para eso que llaman "actualidad", que va de la política a los sucesos ¿ah, pero no son lo mismo? y, también, a lo taurino.

En Catalunya lo taurino está proscrito, ya saben. Y, como aquí han ganado (al menos en lo que a la prohibición respecta, porque la resistencia sigue y muy activa, por cierto), redoblan su moral de combate y expanden su cruzada de boicots, insultos y agresiones en cuanto se anuncia una actividad cultural (Congreso de UTYAC), una corrida (lo mismo da que sea con fines benéficos, al fin y al cabo se trata de seres humanos a los que ayudar, no animales desvalidos) o feria. La última , Valencia.

Convocatoria ilegal (la legal era la de los taurinos) y pedrada en la frente a una aficionada por el sólo hecho de serlo y acceder a la plaza previo pago de entrada. La policía que aparece tarde y mal, protegiendo a los que agreden (como siempre); los toreros, el ganadero, los empresarios, los aficionados, tratados como delincuentes y aguantando el chorreo de amenazas, empujones, improperios. Y al que se le ocurre plantar cara, un "circule, circule, no provoque". No es de ahora, pero va en (peligroso) aumento.

Lo de la asfixia del título hay que vivirlo, sufrirlo, para entenderlo. Porque es permanente. Hablo de lo taurino pero también de lo otro. No sé si me explico.

Hablo de Catalunya. Como vehículo transmisor del virus que apenas deja respirar, los medios de comunicación al servicio del poder, del discurso único, del país de nunca jamás, de la Ítaca por llegar. Y, ahí, los toros no están, como (a poco que pudieran) tampoco los aficionados.

Acaba de ocurrir una prueba más, a cuenta de lo ocurrido en Valencia.

En el programa informativo de mayor audiencia en horario de tarde/noche, la televisión local catalana 8TV emitió ayer una entrevista en plató con un par de rockeros antitaurinos cuyo mayor éxito (sic) es la canción con el ingenioso título "La cultura no es tortura".

Diez minutos en los que el entreguismo periodístico a la causa iba de la mano de un discurso a cinco bandas (los dos "músicos" y los tres periodistas) tan cutre como manipulador y tendencioso.

Si hace unos días el mismo programa recibió con alfombra roja a Leo Anselmi para que dijera lo suyo sobre la prohibición de las tientas en ganaderías catalanas, ahora ha sido el turno de la parejita de marras. Hasta la próxima.

Y todo, claro, sin escuchar a la otra parte. A eso le llaman libro de estilo.

Les dejo el enlace de la ignominia, aún a riesgo que las visitas las contabilicen a su favor. Un peaje a pagar para entender lo irrespirable de los aires catalanes.

http://www.8tv.cat/8aldia/videos/un-grup-musical-antitauri-amenacat-de-mort/

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