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Paco March - 11/06/2015

" Siglo veinte, cambalache / problemático y febril / el que no llora no mama/ y el que no aflora es gil/...¡ No pienses más/ sentate a un lao/ que a nadie importa/ si naciste honrao ! / Es lo mismo el que labura/ noche y día como un buey/ que el que vive de los otros/ que el que mata, que el cura/ o está fuera de la ley". (Enrique Santos Discépolo)

Letra de tango para el gran cambalache nacional, la subasta de cargos a cambio de principios, y viceversa. A 48 horas de constituirse los nuevos ayuntamientos (y gobiernos autonómicos) surgidos de las elecciones del 24M la política, tan desprestigiada ella, deja paso al bochornoso espectáculo (azuzado por unos medios de comunicación colaboradores necesarios) al que asistimos, entre atónitos e indignados.

Pero como este es un portal taurino, en ello vamos a centrarnos. Y ahí, la indignación se multiplica.

Indigna que la izquierda (sic) agite la bandera de la prohibición taurina, desde la demagogia y la ignorancia, porque además con ella ofende (no saben bien cuanto) a miles de sus votantes, aquellos que, reconociéndose aficionados taurinos, pusieron por delante sus convicciones ideológicas, en la esperanza de que el ruido anti no fuera más allá.

Indigna que la derecha, incapaz desde el poder de muchos años en gran parte de comunidades, ciudades y pueblos de asegurar ( desde la buena gestión y la ley) la raigambre taurina de los mismos, ahora se rasgue unas vestiduras que apenas les tapa las vergüenzas. Más aún cuando más de uno de esos que ahora desalojan poltronas ( quien sabe si para acompañar en prisión a otros de su cuerda) han lucido palmito en callejones de las plazas y en los saraos taurinos de caspa y vino español. Porque esa es también, por anecdótica que parezca, causa del disparate.

Y, con la indignación, la inquietud. Si lo que, a día de hoy (pactos, mayorías y declaración de intenciones ) se cumple, la Tauromaquia está en peligro legal, con riesgo de desaparición en determinadas comunidades, ciudades y pueblos, incluidos aquellos en que se antojaba intocable.

Escribo en peligro legal porque el otro, el de ella misma (es decir, la que hacen los profesionales desde sus respectivos ámbitos), ya se ha puesto en el disparadero hace tiempo en un constante declive de su razón de ser, la autenticidad de un rito devaluado y mercantilizado en el que el eje, el toro, ha pasado a segundo plano.

Prohibir o impedir, legal o administrativamente, los festejos taurinos parece , junto a una obsesión enfermiza en ciertos discursos y acciones, tarea fácil a la que no siquiera detienen declaraciones parlamentarias solemnes , mientras el Tribunal Constitucional sigue haciéndose el sueco en el caso catalán.

En ese escenario, las dos españas se frotan las manos. Taurino igual a facha, anti igual a progresista y ancha es Castilla. Basta un repaso a las redes sociales para comprobarlo.

La vieja cantinela de que los toros no son ni de derechas ni de izquierdas hoy por hoy parece superada por los hechos. Ya se ha preocupado la derecha de hacerlos suyos y ya ha sido torpe la izquierda por dejarles.

Acabo con mi cita favorita, cómo no de José Bergamín, rojo irredento.

"Una corrida de toros es un espectáculo inmoral y, por consiguiente, educador inteligencia".

Moralidad, educación, inteligencia...Valores caducos en tiempos de cambalache.

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