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Administrador - 16/02/2015

En Castellón de la Plana diez mil personas (de allí y llegadas de otras comunidades) se han echado a la calle para reivindicar "La Cultura de Bou". Bou, es decir, toro.

Cultura, tradición y libertad escritas en la pancarta, gritadas por la multitud. Quizás lo más llamativo es que para reivindicar la Tauromaquia deba hacerse reclamando libertad, pero así están las cosas. Al frente, nombres destacados (profesionales, periodistas, un artista plástico, un piloto de motos...) y muchas ausencias, cada una seguro que con su coartada. Y, como dijo Manolo Molés en su intervención, no se conocen precedentes de una movilización semejante.

Ese es el problema.

Las agresiones a la Tauromaquia (y a sus partidarios) vienen de lejos y la capacidad de reacción ha sido poca o nula. Una inacción que debe cargarse a la cuenta casi en exclusiva del propio sector. Un verlas venir con consecuencias (casi) irreparables en Catalunya, en San Sebastián y otras plazas que o han caído o están a punto.

Lo más sangrante, claro, es lo de Catalunya, cuando durante años -no precisamente los últimos- se permitió una decadencia que era invitación a la acción política y que acabó en prohibición. A ésta sólo le plantó cara el voluntarismo (con el quijotesco Gibert al frente), mal mirado desde el inicio y no debidamente respaldado. Aún así, medio millón de firmas entraron en el Congreso como ILP y salieron PCI. Los populares (los mismos que en comunidades y ciudades donde gobiernan no mueven un dedo por la Fiesta) presentaron recurso contra la prohibición catalana ante el Tribunal Constitucional y cuatro años y medio después aún se espera el fallo. Sospechosa tardanza en una institución que -los hechos lo demuestran- agiliza o alarga los plazos a conveniencia del poder político.

Y nada. Quiero decir que nadie presiona, moviliza, reclama. Bueno sí, desde Catalunya se sigue haciendo, aunque sólo sea con una continuada actividad taurina a la que sólo le falta su razón de ser: los toros en la plaza.
En la plaza no, pero en las calles, en especial de las comarcas del Ebro, sí. El toro en la plaza, no. El Correbou sí.

Es esta una anomalía que quizás y ojalá corrija la manifestación de ayer en Castellón.

La Tauromaquia es una y se manifiesta en distintas formas. No excluyentes.

Cierto y lógico que ser aficionado a una de esa formas no implica serlo a cualquiera de las otras, pues cada una forma parte del paisaje socio cultural, de la tradición, de la memoria, de los usos y costumbres. Pero sí debería entenderse que cuando se ataca a un de ellas, el resto no debe (por su propio bien, por su propia supervivencia) permanecer impasible.

Y esto ha venido ocurriendo. Hasta hoy.

Sí, porque hoy, en Castellón, la Tauromaquia ha dicho basta y echado a andar. La Tauromaquia, la corrida, el bou al carrer, los recortes...a una.

La movilización expresada hoy en Castellón debe ser el inicio de muchas cosas y la constatación de que la unidad nos hace más fuertes.

Un éxito sí. Y que cunda.

Pero, paradójicamente, la manifestación ha sido en una zona en la que el bou al carrer convoca multitudes, como también los recortadores y similares e igual sucede en otras comunidades. Algo que en la corrida no ocurre. Una desafección que no se explica sólo por esas particularidades de tradición antes mencionadas sino que también tiene que ver con la propia organización de la corrida en la plaza, en la que la política de precios, la confección de los carteles (ganaderías, toreros), la emoción...deben ser reclamo esencial. Y no siempre (casi nunca, se exclaman los agoreros) pasa.

Castellón, punto de inflexión. Ojalá. 

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