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Francisco March - 04/12/2016

"Como el perro del hortelano/son los amos de mi tierra/ni se atreven a salvarla/no nos dejan defenderla" (Jota del perro del hortelano. La Bullonera)

Casi dos meses después de conocerse el fallo del Tribunal Constitucional que deroga la prohibición taurina catalana y quince días desde la exitosa celebración/reivindicación organizada en Barcelona por la FETC , estamos igual: a la espera de que quien tiene la llave rompa su silencio, haga un gesto, dé una señal.

"Di algo, aunque sólo sea una cosa, reacciona", espetaba implorando NaniMoretti en su película "Abril" (1998) al  entonces líder de la izquierda italiana Massimod’Alema en un debate en televisión con Silvio Berlusconi. Eso mismo reclamamos (casi) todos los taurinos a la Casa Balañá, que se pronuncie, que reaccione.

Aquí mismo he dejado constancia de mi comprensión (creo que compartida por muchos) a la prudencia (valga el eufemismo) del  dueño de la Monumental (no nos engañemos, la única plaza donde podrían darse toros).Son imaginables las presiones que les llegan, antes durante y después, desde los poderes público/administrativos pero a cada día, a cada semana , a cada mes que pasa,  su silencio pesa. Y ya empezamos a no entender nada e imaginar mucho.

Para argumentar nuestra esperanza hemos buscado indicios como, por ejemplo,  que la Monumental se haya  mantenido en perfecto estado de revista, con trabajos de mantenimiento durante estos cinco años sin  toros. Pero, claro, visto lo visto (es decir, escuchado el silencio) uno empieza a barruntar que, quizás, se debe a que así se asegura- como está ocurriendo- su utilización para otros eventos  de carácter lúdico (exhibiciones de moda, muestras de gastronomía…) y el circo.

Si Don Pedro (aunque, siguiendo la nomenclatura de la saga, lo apropiado sería llamarle Pedrito, a sus noventa años) no parece dispuesto a renunciar a su sueño de volver a ver toros en la plaza que tanto dio a su familia y la historia de la tauromaquia, bueno sería que quienes tienen la facultad de intentarlo (los  herederos) pusieran de su parte para, al menos, intentar que se haga realidad.

Y si no pueden o no quieren (por razones absolutamente respetables o comprensibles, caso de que las quisieran explicar) ser ellos quienes den los pasos necesarios e imprescindibles, al menos que abran la posibilidad al o alos que estuvieran por la labor. En juego están muchas más cosas que una corrida de toros ( o cinco, o una temporada) en Barcelona y todos, todos, deberían ser conscientes de ello. Si no se atreven, que dejen a otros intentarlo. Y si no hubiera otros, apaga y vámonos.

Además, la Ley nos ampara y, por lo tanto, es la fuerza que debería suponer el último impulso para , a quien corresponda, echar la pata l’ante. Hace unos días la Fundación del Toro de Lidia convocó a una reunión de expertos juristas para que desbrozaran el texto de la sentencia del TC, buscando fortalezas y debilidades. De allí salió una mayoritaria conclusión positiva (que la FTL ya se encargará de hacer pública) que valora el nuevo escenario como casi idéntico al existente antes de la prohibición, es decir, cuando se daban toros en la Monumental.

Siendo así aún se me hace más inexplicable ese tancredismo de quien debería moverse. Insisto, no se trata de dar fechas  ni imaginar carteles (o sí, que la imaginación es fuente de alegrías y bellezas y aún no nos la han robado) pero hora es ya de un aquí estamos.

Lo contrario sería una (peligrosa) traición. Y un dolor.

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