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Paco March - 14/04/2016

El 1 de junio se cumplirán treinta y cuatro años desde que ese grito atronó en Las Ventas y despertó al toreo, justo en el momento en el que esa Fiesta reivindicada vivía un momento crucial y España también. Tal que ahora.

Un nombre se repite en ambos carteles: Victorino Martín, ganadero de Galapagar que dejó de ser  "paleto" para convertirse en santo y seña de la cabaña brava. Aquella tarde en Madrid, al final de la corrida, los toreros, el ganadero y el mayoral salieron a hombros por la puerta grande mientras la plaza era un clamor  de veinticuatro mil gargantas, veinticuatro mil corazones, veinticuatro mil almas.  Ayer, en La Maestranza, el toro "Cobradiezmos" se ganó volver a la vida regalada de la dehesa para mayor gloria de su estirpe de toro bravo después de diez minutos de embestir con emocionante entrega, profundidad y nobleza siguiendo los vuelos de un paño rojo guiado con templanza, largura, valor y corazón por un torero de Gerena que responde al nombre de Manuel Escribano.

Un toro bravo y un torero de una pieza, casi ná. Lo que en tardes pasadas era bostezo,  ahora emoción. Las embestidas mortecinas, aquí  codiciosas. El toreo rutinario, apasionada entrega. Algo de eso ya había ocurrido en el toro anterior, con Paco Ureña. Y la gente fue feliz.

Salieron los pañuelos blancos de los bolsillos del traje para ir a la Feria y de los bolsos colgados del traje flamenco y, en el palco, el usía asomó el de color naranja. Manuel Escribano vivía su momento soñado, atrás sinsabores, olvidos y cornadas.

No se escuchó, como aquel 1 de junio de 1982, el grito unánime de ¡esto es la Fiesta! pero más de uno seguro que lo sintió en su corazoncito de aficionado.

Decíamos que hay una comparativa en aquel entonces y este ahora. El toreo estaba en 1982 amodorrado, toros sin emoción y toreros acomodaticios tantas tardes. El cambio político, que llegó en las elecciones de octubre, lo impregnaba todo, se palpaba,  también en  la Fiesta de los toros, siempre unida a los avatares de la Historia.

La "Corrida del Siglo" la llamaron y así fue, no tanto por su contenido (que fue de una intensidad brutal , con tres toreros arrebatados y seis toros de distinta condición, alimañero alguno, encastados y serios todos) como por su repercusión, que se sintió ya en la misma plaza. Sirvió, además, para que los intelectuales y con ellos la izquierda, volvieran de nuevo su vista al toreo, con el profesor Tierno Galván como referente en los papeles y Antoñete en el ruedo.

Cuando entonces, los antis eran pocos y estaban callados y  la trascendencia de aquella tarde sirvió de enganche para muchos y revivió a aficionados que se iban apartando. Pena fue que el taurinismo de tres al cuarto no supo rentabilizarlo para asentar la idea de la Tauromaquia en el nuevo discurso social. Al contrario, su reconocida torpeza, su cortedad de miras, su desmedido afán por el beneficio inmediato a costa de lo que sea (el toro, por ejemplo) fue creando el cultivo de lo que ahora, desgraciadamente, recogemos. Y los antis, con sus voceros, ganaron ¡y cómo ! terreno.

Por eso lo de ayer debe ser el toque de a rebato. Aún estamos a tiempo. Se trataría de que en las dehesas del toro bravo,  sus criadores (cada vez menos, algunos llevando camadas enteras al matadero) buscaran, seleccionaran, potenciaran, precisamente el elemento distintivo del toro: la bravura, la casta. Lo contrario, el rumiante con dos pitones más o menos aparentes (que esa es otra) que sale de la negrura del chiquero a la luz cegadora del ruedo y apenas da un par de carreras ya muestra fatiguitas cuando no dobla manos o se desparrama cuan largo es sobre el albero;  sigue los capotes sin entrega;  va al caballo (si va) para saludarse con el del castoreño y, tras el tramite banderillero, o no embiste a la pañosa o lo hace sin alma ni gracia, es una invitación al aburrimiento, un motivo para no volver a pasar por taquilla y un argumento para los antis.

El escalafón se mueve, toreros hay capaces de afrontar toros, mejores o peores, pero con la integridad por bandera, ya desde la crianza, también desde la selección. Contra esa Fiesta, la del héroe de luces ante el toro desafiante, no hay antis ni políticos cómplices que valgan.

Escribano, Ureña… Treinta y cuatro  años después, otra vez Victorino.

¡Esto es la Fiesta !, ¡esto es la Fiesta !

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