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Paco March - 14/03/2016

"Tristes tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente" (F.Dürrenmatt)

Acostumbrados al silencio y el poner la otra mejilla, la manifestación de ayer en Valencia sabe a gloria bendita.

Que aficionados y profesionales taurinos (del toro en la plaza) y los del "bou al carrer" se manifiesten, juntos y  a miles en, precisamente, los "carrers" de Valencia, es un hito relevante que tiene el precedente del año pasado en Castellón y ojalá secuela masiva en Madrid, por San Isidro.

Que el hecho taurino, la reivindicación del mismo, aparezca en los informativos del día de autos en todas las televisiones (incluida TV3) y sea portada (no en la edición catalana de El País) en los papeles al día siguiente, es un triunfo en sí mismo.

Que, en llamativo contraste, las concentraciones antis (promovidas por las huestes anselmistas) se queden en el retrato de una veintena de cuerpos semidesnudos y pintarrajeados, es la constatación de su fracaso.

Sí, el toreo salió a la calle para gritar libertad. Manda güevos, que diría aquel. A estas alturas de la Historia, en la España (y, nada menos que en Valencia) que va de la corrupción a sus asuntos, incapaz de gobernarse a sí misma, carne de tertulianos elevados a categoría de oráculos y demagogos encantados de conocerse, en esa España, digo, el toreo se planta, moviéndose.

El toreo dice basta, harto de insultos, desprecios y mentiras. Convertido en chivo expiatorio de tanta mezquindad y estulticia con ínfulas políticas y culturales. Cansado de ser utilizado como moneda de cambio por los mercaderes de ideologías que no son tal, sino estrategias de mercado.

Empresarios, ganaderos, toreros y el pueblo, juntos. Por una vez que ojalá sirva de precedente, sus intereses eran los mismos. No siempre es así, claro, y ese es uno de los motivos del porqué estamos como estamos. Por eso, más allá del ruido mediático y las consecuencias político-sociales que se puedan derivar del incontestable éxito de convocatoria, convendría (sería imprescindible) que, de entre los nuestros, tomaran nota para no reincidir en errores convertidos en norma y  que están en la mente de todos.

Pero, qué quieren que les diga, uno sigue echando en falta (ya parece misión imposible) ciertas voces, que siguen mudas.

El toreo no es derechas ni de izquierdas, se repite como un mantra que rehúye otras complejidades. Ocurre, sin embargo, que en esa polaridad hay quien saca partido y quien, torpe y cobardemente, se calla.

La (supuesta) izquierda política, ignorando y/o despreciando  su propia historia, con alevoso oportunismo, hace bandera de un antitaurinismo cuyo sostén ideológico (sic) no va más allá de un argumentario de manual del perfecto salvaje. Si de toros hablamos, de ellos, me temo, ya no cabe esperar otra cosa que un recrudecimiento de su postura.

Otra cosa es la intelectualidad, ese término difuso pero fácilmente identificable.

Y de esa intelectualidad, la que dice y llamarse de izquierdas cuenta entre sus filas con aficionados taurinos que han optado por callar. Están en su derecho, faltaría más, entre otras cosas porque en ello a lo mejor les va el pan de sus hijos, pero con su silencio se delatan en su cobardía. La lista de nombres es larga y significativa y no vale la excusa de que, al fin y al cabo lo de los toros es una cosa del gusto de cada cual y minoritaria, apenas una anécdota en los graves problemas del país, cuando, precisamente, son los partidos (supuestamente) de izquierdas quienes han convertido la Tauromaquia en obsesión y a combatirla dedican parte de  sus mayores esfuerzos.

No hay que ser  muy perspicaz para, viendo informativos y según qué portadas, deducir que puede que el toreo no sea de derechas ni de izquierdas,  pero  el 13M en Valencia la identificación, buscada o no, fue clara.

Y no hablo de banderas (por cierto, el toro pinta poco en la bandera de donde sea) pero sí de esos silencios, esas ausencias, antes aludidas. También de presencias, claro, con el PP valenciano ¡ay! luciendo palmito y Francisco Camps traje.

Una derecha que, allá penas con su pasado y su responsabilidad, no duda en utilizar sistemáticamente, cuando de reforzar su oportunista respaldo a la Tauromaquia se trata, la mención  a poetas, escritores, pintores…que ella misma se encargó, en su momento, de silenciar, perseguir, eliminar. La lista es larga y, en ella, Lorca (asesinado), Alberti, Bergamín, Picasso (exiliados) son los más recurrentes, los más sangrantes.

El toreo ni derechas ni de izquierdas, sí. Pero no, al parecer.

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