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Paco March - 15/05/2015

Hoy se cumplen cuatro años de aquel 15 de mayo de 2011 en que la indignación tomó la Puerta del Sol de Madrid y después otras plazas, otras calles, de toda España.

Y hoy es San Isidro, eje del toreo. Un santo labrador cuya mano (junto a la más terrenal e imprescindible de los doctores de Las Ventas) quizás no esté muy lejos del milagro que ayer impidió que a Jiménez Fortes un toro le segara la vida.

De aquel 15M indignado, que ya en sus primeros días y en las asambleas espontáneas ponía, entre sus prioridades, a la Tauromaquia como objetivo a erradicar, en demostración de ignorancia y afanes totalitarios, surgieron con el tiempo líderes y formaciones políticas que, paradójicamente ( o no), contaron con potentes altavoces mediáticos en manos de esos poderes a quienes dicen combatir.

Ahora, con las elecciones autonómicas y municipales ahí mismo, esa enfermiza obsesión antitaurina queda escrita en algunos de los programas electorales. Nada que objetar salvo una reflexión: si para sustanciarlo ofrecen argumentos (sic) manipulados, sesgados, mentirosos, desinformados ... ¿qué no harán cuando de otros ámbitos se trate?.

Pero hoy 15M , además, es el día después de que el Congreso de los Diputados aprobase definitiva la Ley de Patrimonio Inmaterial que, junto al flamenco, la jota, la dieta mediterránea o el silbo gomero incluye a la Tauromaquia. En el origen y fundamental, ya saben, aquella ILP impulsada desde Catalunya ( Gibert en el recuerdo) y a la que tanto costó sumar voluntades y ayudas.

Aprobada con sólo los votos del Partido Popular, el posicionamiento de los respectivos grupos parlamentarios fue el tantas veces repetido, desde la beligerancia de nacionalistas e izquierda (por llamarle algo) a la ambivalencia de los socialistas, ese sí pero no de la indefinición permanente (no sólo en lo taurino, claro).

Convertido ( con gran regocijo para su ego) el ministro Wert en chivo expiatorio, sobre él cayeron los rayos dialécticos en los que el tema competencial es el más repetido. También faltaría, más, el de la "españolización" que la Ley lleva en sí misma.

En Catalunya han saltado las alarmas y las baterías de defensa ya vuelven a la primera línea, apoyadas en los medios afines (todos) y con el Conseller de Cultura, ese tránsfuga permanente, Ferran Mascarell, que ya anuncia el inminente recurso ante el Tribunal Constitucional.

Pues que se pongan a la cola.

Es curioso pero sintomático de un juego político administrativo tan diabólico como mezquino la utilización ( descaradamente incluso) de la Justicia atendiendo únicamente a fines ideológicos y/o partidistas. El Tribunal Constitucional como container de recursos y su reloj de arena para fallarlos , que a veces apenas son unos pocos granitos y cuenta rápido y otras lleva la toda la carga del desierto sahariano. Y cuyas sentencias son acatadas o no a conveniencia.

Un Tribunal Constitucional al que ahora recurre la Generalitat , como tantas otras veces, pero que el propio Gobierno catalán niega, denuncia y deslegitima cuando sus fallos no le favorece.

Un Tribunal Constitucional que lleva , en ese reloj de arena de nunca acabar, más de cuatro años esperando a fallar un recurso cuyo redactado no excede de las tres líneas y que se va nutriendo de argumentos a favor. El último la Ley aprobada ayer.

Una Ley analizada por el Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Loyola Andalucía, Juan Antonio Carrillo Donaire, que concluye:
"La consideración de la tauromaquia como patrimonio cultural inmaterial español es, junto a la idea de protección de las minorías, el flanco argumental que mayores probabilidades de éxito tiene –a mi entender- para fundamentar en Derecho una eventual estimación del recurso de inconstitucionalidad contra la Ley catalana que prohibió las corridas de toros en Cataluña, en el entendido de que ni Cataluña ni ninguna otra Comunidad Autónoma, y menos aún una entidad local, tiene competencias para suprimir las corridas de toros en su territorio en tanto que forman parte del patrimonio cultural español, por muy minoritaria que sea allí su presencia; o, mejor dicho, justamente porque dicha presencia es minoritaria".

Hoy se inicia otro 15M, el taurino, el que nos alce definitivamente contra la tropelía liberticida de aquel 28 de julio de 2010 en el Parlament.

Entre otras cosas porque como bien señala Víctor V.Vázquez, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Sevilla: " Si bien debemos aceptar que en una democracia las mayoría parlamentarias pueden limitar ciertas facetas del comportamiento humano, esto no puede impedirnos ver y denunciar cuando las mayorías parlamentarias se han manchado las manos con la libertad de los demás".

Pues eso.

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